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Tatiana Acevedo Guerrero
19 de noviembre de 2023 - 02:00 a. m.
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El alcalde de Barranquilla, Jaime Pumarejo, destacó que es la primera vez que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) hace giros directos a una ciudad en Colombia. Se refiere al crédito por US$100 millones otorgado para “la promoción del uso sostenible de los ecosistemas”. En esa misma dirección, el diario El Heraldo nos cuenta que “recientemente Barranquilla fue una de las 11 ciudades en el mundo escogidas como modelo de restauración y preservación medioambiental por parte del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente”. La ciudad fue “electa” por el proceso de restauración de la ciénaga de Mallorquín, a través de la construcción de un “ecoparque” que, según el alcalde Pumarejo, tendrá “más de 188 especies de fauna y flora”.

El Heraldo narra asimismo cómo la presente alcaldía, de la casa Char, ha construido 48 parques nuevos, regenerado 202 y ha plantado 4.300 árboles. Hay más de 1,9 millones de metros cuadrados de espacio verde público, aplaude el diario. “Alcalde Pumarejo interviene en el World Urban Forum en Polonia”, titula. “Alcalde Pumarejo habló en el encuentro regional de Biodiverciudades en Argentina”, celebra. Cada tercer día la publicidad de la administración nos recuerda que Barranquilla es ahora una biodiverciudad. De acuerdo con lineamientos del World Economic Forum, una biodiverciudad es una ciudad que “reconoce, prioriza e integra la biodiversidad y sus beneficios hacia un desarrollo urbano sostenible, permitiendo conectar la riqueza natural con las estrategias de crecimiento urbano”.

Barranquilla es un ejemplo mundial, concluye (siempre optimista) El Heraldo.

Acá cabe, sin embargo, resaltar una paradoja que se comprueba día a día entre las páginas de este propio diario. Junto a las fotos de Pumarejo con sus árboles, hay a menudo noticias sobre problemáticas que abrazan a la mentada biodiverciudad. Se informa, por ejemplo, que la Procuraduría General pidió a la Corporación Regional Autónoma del Atlántico frenar la crisis ambiental que atraviesa Malambo. Esta ciudad padece los vertimientos de aguas residuales y desechos sólidos que desembocan en sus lagunas desde hace más de una década. Comunidades y líderes insisten mes a mes sobre los “olores fuertes y manejo inadecuado de lixiviados” por cuenta de industrias que afectan la cotidianidad, la salud y la tradición pesquera de la población malambera.

“Esa agua está muy verde. Apenas caiga un aguacero se va a revolver todo con el fango y seguro morirán un ‘pocotón’ de animales. Estamos pasando necesidad”, dijo un residente de Malambo a El Heraldo hace algunos años. Joice, una de las voceras de las comunidades pescadoras de Malambo, señaló a esta misma publicación que la Ciénaga Grande del municipio está “totalmente contaminada”, porque “es el botadero a cielo abierto de empresas que funcionan en la zona ribereña”.

Si Barranquilla es un ejemplo mundial, ¿por qué no es ejemplo en la población con la que comparte el aire, el agua y la vida misma?

Habrá quien diga que son poblaciones diferentísimas. Al fin y al cabo son municipios distintos con alcaldes distintos. Sin embargo, en lo menudo de la cotidianidad, son mujeres y hombres que cruzan el área metropolitana (de Malambo a Barranquilla y de vuelta) en bus, moto o bicicleta, los que hacen que se mueva la economía barranquillera. Hombres y mujeres criando niños, proveyendo a los hogares de comida, de cuidado, de seguridad. O construyendo con sus propias manos los edificios y centros comerciales del boom inmobiliario.

Quizá la Barranquilla de Pumarejo y de Char, en donde viven poblaciones rodeadas de tierra verde, florecida y saludable, necesita que haya otras ciudades grises (para botar residuos tóxicos) al lado. Tal vez Barranquilla necesita a Malambo, Soledad y tantos otros municipios que aseguran la industria y la vivienda para tantísimos trabajadores y trabajadoras que hacen posible la prosperidad de la biodiverciudad.

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Pablo(26826)19 de noviembre de 2023 - 09:23 p. m.
Cuando se amplio la carrera 51B desde la calle 84 hasta la 106, dijeron que iban a sembrar más de 1.000 árboles, el tumbe ($$$) fue grande, ya que sembraron ARBUSTOS . Se está sembrando más árboles de almendra que de mango y níspero, para muestra los intercambiadores de los puentes ( CRA 51B y 53) con circunvalar, puro árboles de almendra y uvero. Nada de árboles frutales
Jorge(38944)19 de noviembre de 2023 - 09:01 p. m.
Pro es que el poder de los Char es por toda la costa y particularmente en el departamento del Atlántico. deberían ser más responsables con la población de las ciudades satélites que, cómo señala la periodista, construyen el bienestar de Barranquilla.
Miguel(ce8gm)19 de noviembre de 2023 - 05:44 p. m.
Muy rebuscada la critica. Es como decir q Bogotá es responsable de lo q pasa en Soacha.
  • Jorge(67654)19 de noviembre de 2023 - 07:53 p. m.
    No señor, en ningún caso es rebuscada. La división administrativa es caprichosa y ajena, generalmente, de las dinámicas económicas y socio-ambientales. Soledad y Malamabo, en la época de mayor desplazamiento por origen de la violencia, sirvió de albergue para los desplazados, cargando a estas administraciones de los gastos para atenderlos (por ejemplo, en subsidios de educación o servicios públicos); en cambio, Barranquilla y Puerto Colombia se lucran de la contribución de los estratos 5 y 6.
ALVARO(28865)19 de noviembre de 2023 - 04:48 p. m.
¿Quién cuenta los árboles sembrados realmente? Es fácil contratar la siembra de 10.000 árboles, plantar solo el 35% y robarse el resto de la plata. Por otra parte, hablar de metros cuadrados de parque es una ridiculez mediática. La cifra dada con tanto orgullo equivale a 19 ridículas hectáreas, 19 manzanas normalitas, una nadería en una ciudad del tamaño de Barranquilla. Conclusión: El Heraldo hace parte de la COSTA NOSTRA. ¡Qué vergüenza!
Adrian(vqctm)19 de noviembre de 2023 - 03:10 p. m.
Brava Tatiana, un tanto de conciencia para los indiferentes gobernadores
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