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De puertas para adentro

Tatiana Acevedo Guerrero

12 de junio de 2022 - 12:30 a. m.

Con el fin de no hundir esta columna en el aburrimiento pasmoso y predecible de la campaña electoral (que se siente larguísima), vale la pena pensar en los hogares que recibieron a Gustavo Petro en Honda, Medellín y Quibdó. Arnulfo, un pescador a orillas del río Magdalena, habló con Gustavo desde el zaguán de su casa hecha en ladrillo gris. En una conversación entrecortada por el viento fuerte hablaron sobre los bocachicos gordos del pasado, la importancia de la Universidad Minuto de Dios en las posibilidades de ascenso social de sus nietas y el desamparo total de los pescadores durante los meses en que el río, cada vez más abrumado, no tiene peces.

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La familia de Diego fue otra de las que recibió a Gustavo en su casa finca de Santa Helena, zona metropolitana de Medellín. Entre muchas flores y en una casa de paredes blanqueadas con cal y tapizadas con fotos y diplomas, Diego contó sobre su quehacer como participante en la Feria de las Flores. Habló de la tradición de su familia, que siembra flores entre las montañas antioqueñas desde la década de 1950, y sobre su aislamiento en un contexto de insumos agrarios cada vez más caros.

Por último, fue Genoveva la que abrió la puerta de su casa, levantada entre paredes de madera, en Quibdó. Con el corazón jugado desde hace mucho por el Pacto Histórico, la ciudad entera vino a acompañar la visita del candidato. Y ya con la puerta cerrada, con Gustavo sentado frente a frente, Genoveva habló de la soledad de los hombres jóvenes del barrio, condenados a una vida casi siempre corta. Es en el interior de estos y tantos otros hogares (casas, apartamentos, lotes) que se juega el presente del país.

Un lugar de refugio, con su suministro regular de agua y electricidad, el “hogar moderno” de muchos barrios en las capitales, fue posible gracias al desarrollo de una serie de sistemas de infraestructura. Estas redes centralizadas, que datan de comienzos del siglo XX, se dan por sentadas en muchos ámbitos de la vida nacional. Sin embargo, en condiciones de desventaja e inequidad socioeconómica, muchos residentes en Colombia dependen de otras alternativas: redes de luz autoconstruidas, aguas de lluvia, servicios públicos intermitentes...El ignorar sistemáticamente la vida (social, material y ecológica) dentro de los hogares de menores ingresos en Colombia ha creado un presente de pocas redistribuciones y muchas desconexiones entre la realidad y el discurso del presidente actual.

Sabemos que el hogar es un lugar de trabajo femenino y en gran medida no remunerado. Sin embargo, no comprendemos cómo la supremacía de los hombres, la falta de redistribución económica y el racismo estructural se entrelazan con las realidades ecológicas de los hogares y regiones. Ello a pesar de que, en circunstancias de precariedad, frente a crecientes impactos del cambio climático y habiendo soportado todo el peso de la pandemia, es en estos hogares donde se dan muchos de los procesos que sostienen las posibilidades para la vida en el país.

Extrayendo el agua de jagüeyes en Sincelejo, cultivando lluvia en Buenaventura o guardando agua de la llave en Soacha se hace posible la cotidianidad en Colombia.

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