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4 Sep 2022 - 5:30 a. m.

Economistas histéricos

“Son 28 víctimas de extorsión relacionados con un nuevo modus operandi donde se establece una modalidad de brujería”, señaló el mayor Néstor Rodríguez, comandante del Gaula de Santander. Según explican las personas, que no entendían el proceso de brujería, pero creían en su poder, el brujo empezaba a tomar decisiones por ellos y acababan pagando una especie de cuota.

Uno podría hacer una comparación entre el proceder del brujo y el de los economistas que han gobernado a Colombia a lo largo de las últimas décadas. Habrá por supuesto excepciones, pero la política económica nacional y sus constructores se acostumbraron a tomar decisiones sin que nadie cuestionara nada. Mucho menos aquellos que no son economistas. Quién podría atreverse a preguntar sobre lo que no entiende ni podría entender. La prepotencia se fue creciendo año a año, de generación en generación. En declaraciones se puede leer cómo se habla de mercado y comportamiento económico “racional” como si se tratara de algo natural, una entidad sobrenatural, un proceder incuestionable, respectivamente.

Mercado y comportamiento racional no son para nada naturales, sino que están construidos, organizados por la ley, las instituciones políticas y la intervención política regular. Los mercados están dirigidos y protegidos por leyes y políticas, así como por la difusión de normas sociales diseñadas para facilitar la competencia y el libre comercio. El mercado, entonces, como principio organizador y regulador del Estado y la sociedad colombianas. Empresas contando dividendos y población pasando hambre en Barranquilla. No en el siglo pasado, sino hace dos años. Bajo este mandato se interpeló a los jóvenes, por ejemplo, como actores empresariales en todas las esferas de la vida. Dejados a su suerte, se les pidió que hicieran lo que hubiera que hacer para cuidarse a sí mismos. Por eso el llamado estallido social durante el gobierno de Duque, que fue el de la luna de miel empresarial.

Se ha tratado de perfiles altos, de hombres equipados con años de estudio y comprensión de los números. Pero esta preparación no quiere decir supremacía y hay tantas otras disciplinas y saberes que requieren también tesón y trabajo, y pueden/deben contribuir a construir unos sueños comunes. A grandes rasgos, el objetivo común fue inducir una actitud emprendedora en algunos sujetos de élite: aumentar su capacidad para tomar decisiones calculadas en negocios e industrias. Las políticas pro mercado se entrelazaron con un Estado violento, las empresas privadas florecieron junto a leyes represivas y la cultura del consumo convive con la falta de oportunidades compartidas.

Ahora que personas provenientes de otras disciplinas son invitadas a participar de las decisiones que forjan día a día el presente, los que habían tenido el monopolio sobre estas conversaciones están histéricos. “Nace una nueva teoría geopolítica del (de)crecimiento económico internacional metavérsico. Esto va mal, muy mal, pero no se puede negar que son hasta divertidos”, dice uno desde la burla y la desconfianza. “Si la idea es decrecer, ya uno entiende la reforma tributaria”, escribe otro, con el fin de confundir (nadie habló de decrecimiento en Colombia, todo lo contrario). “Una teoría económica hay que confrontarla con hechos, modelos y cálculos, de otra forma se queda en el campo de la economía ficción”, publica alguno que nos quiere recordar que no pertenecemos a la conversación. “Estas utopías promovidas por sectores marginales de universidades europeas son una receta para la miseria, el hambre y el sufrimiento”, dice otro sin saber muy bien de qué está hablando. Daniel Mejía retuitea a Luis G. Vélez, Luis G. Vélez retuitea a Jorge Restrepo, Jorge Restrepo retuitea a Luis G. Vélez, Vélez retuitea a Mejía. Por primera vez una, dos (y ojalá muchas otras) mujeres les piden que por favor escuchen.

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