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El fascismo es una contrarrevolución contra una revolución que existió como posibilidad (I)

27 de septiembre de 2026 - 12:05 a. m.

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Las escritoras Naomi Klein y Astra Taylor explican que el fascismo recorre la historia del capitalismo moderno como una madeja de hilo atravesando épocas y regiones. Un repertorio de métodos y estrategias brutales que viaja a través del tiempo y resurge en lugares específicos cada vez que los poderosos se sienten agraviados y los intereses de la riqueza y del capital se ven seriamente amenazados por demandas desde abajo.

Esto no quiere decir que el fascismo se repita intacto, con todo lo que asociamos a ese término (los militares, los generales y la historia europea particular que desembocó en la Segunda Guerra Mundial y la atizó). Por el contrario, nos dicen, la historia avanza en espiral “como un tornado”, más que en línea recta o en círculo, y nos lleva a lugares que resultan conocidos y que, sin embargo, son esencialmente distintos. El peso acumulado del pasado se estrella de frente con acontecimientos nuevos e imprevisibles y cada giro empuja hacia direcciones nuevas. Klein y Taylor narran cómo las tendencias fascistas emergen en momentos concretos que comparten dos características: se trata de épocas de crisis generalizada, cuando la economía de mercado le falla a amplios sectores de la población, y de periodos en los que el capitalismo enfrenta desafíos serios desde abajo, sobre todo de trabajadores organizados y poblaciones excluidas de la prosperidad. El fascismo “es la respuesta más feroz del capitalismo” ante estas amenazas, una manera de asegurar que la rabia colectiva que surge en tiempos de crisis se dirija hacia abajo, contra los más vulnerables y se desvíe del sistema mismo. De quienes lo administran y más se benefician de él.

Nos dan tres ejemplos. El primero, sobre la época que llevó a acuñar el término mismo. En los 20 y 30, Europa estaba devastada por la guerra, había sobrevivido epidemias y pobreza. Tras el triunfo de la revolución bolchevique y con partidos de izquierda llegando al poder en varios países, las élites europeas temían ser las próximas en perder su riqueza. En ese contexto surgieron Mussolini y Hitler. El segundo, nos lleva a Estados Unidos tras la emancipación. Terratenientes blancos del sur quedaron golpeados económicamente después de perder la Guerra Civil y la población negra liberada empezó a conquistar derechos como la educación y el acceso a la tierra. Las élites respondieron cohesionando a los blancos en torno a la jerarquía racial y hubo cientos de linchamientos. Leyes de apartheid nacieron de esta ola de terror racial e inspiraron al propio Hitler en su genocidio. El último ejemplo es acá, en América Latina de los años setenta. Las economías venían sacudidas y la izquierda ganaba respaldo. En Chile, pocos meses después de que Salvador Allende llegara a la presidencia, estudiantes de la Universidad Católica desfilaron con marcha copiada a las Juventudes Hitlerianas. Juntas militares que se hicieron con el poder en Chile, Argentina, Brasil y Uruguay emprendieron una campaña para purgar a sus países de lo que llamaban la amenaza izquierdista.

En resumen, el fascismo surge en momentos de crisis, une las pasiones populares con la autoridad tradicional y protege el poder de las élites frente a la amenaza de una redistribución económica desde abajo. En lugar de atacar las causas de la crisis, abandona las formas democráticas, aplasta la posibilidad de un orden económico justo y canaliza la rabia colectiva hacia chivos expiatorios. Para Klein y Taylor el fascismo es el capitalismo mostrando los dientes.

Ellas se preguntan si ahora vivimos un momento así. Aunque la situación actual es menos extrema que la Gran Depresión, desde la pandemia la crisis económica golpea con dureza a mucha gente. Resulta más difícil ver una amenaza real contra los poderosos que tienen fortunas en crecimiento. Las autoras argumentan que los ricos se sintieron perseguidos tras la crisis financiera global. Las protestas llenaron las calles de Europa y en Estados Unidos se concatenaron Occupy Wall Street, Black Lives Matter y el MeToo. Los archivos de Epstein desnudan el pánico que estas olas les provocaron. Cuando ciendos de mujeres denunciaban acoso sexual, el estratega de Trump, Steve Bannon le escribió a Epstein “nadie está a salvo”. Algunos de los hombres poderosos que salen en los archivos ayudaron a financiar y organizar movimientos de extrema derecha. Bannon llegó a decirle a Epstein que la coalición nacionalista cristiana conservadora que estaba construyendo (con Trump) mantendría al feminismo a raya.

“El fascismo es una contrarrevolución contra una revolución que solo existió como posibilidad” escribió el novelista Ignazio Silone. Lo vive en carne propia Colombia. Acá la crisis del costo de vida, estallido social que nació de la pandemia, coincidió con una amenaza tangible a las élites protagonizada por el gobierno Petro. Tenemos hasta un representante de los mentados archivos Epstein. El expresidente Pastrana Arango que aparece más de 35 veces, acusado incluso de traer a la cómplice de Epstein a jugar al safari disparando desde un helicóptero en los días del Plan Colombia.

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