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Empatía a través de la diferencia

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Tatiana Acevedo Guerrero
03 de marzo de 2024 - 02:00 a. m.
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”En 2023 se reportaron 49.315 denuncias por robo de celulares en Bogotá”, dice un titular. “En lo corrido de 2024 van 4.448”, complementa otra noticia. “Estamos preocupados”, se lee en una portada que hace referencia al temor de los gremios “sobre hurtos en restaurantes y gastrobares en la capital del país”. Otro avance informativo ilustra “el mapa de los últimos hurtos que generan alerta”. Y añade que, de acuerdo con los analistas, “los criminales están más organizados para evadir a la Policía”.

Hay que aumentar el pie de fuerza, parece gritar el consenso mediático y de oyentes o televidentes. Aumentar los frentes de ofensiva. “Usaquén cuenta con 125 frentes de seguridad, que son parte de los 1.573 que tiene Bogotá” nos avisa un coronel de la Policía local. Además, dice, esta localidad cuenta con un Centro de Monitoreo, “equipado con 257 cámaras, que están directamente conectadas a los diferentes frentes de seguridad”. Alguien nota también que Bogotá estrena un cuerpo de Policía llamado “Patrulla gourmet”, que “cuenta con 30 uniformados en las zonas de los hurtos”. “A la estrategia le falta ampliar la cobertura”, declara William Quintero, subcomandante de la Policía distrital; “estos delincuentes tienen varios modus operandi, se camuflan como repartidores”.

César Restrepo, secretario de Seguridad del nuevo gobierno de Galán, resaltó que “el principal problema que identificaron en la seguidilla de hurtos fue la desarticulación entre la ciudadanía y las autoridades”. “La situación es preocupante”, opinó por su cuenta el presidente de Asobares: “La articulación público-privada con nosotros como comerciantes es importante, por ejemplo, para organizar los frentes de seguridad”.

Desde hace ya varios años, además de llamados a la vigilancia y la militarización, hay dos constantes imprecisiones en noticias y opiniones populares sobre seguridad en la capital. La primera, que la ciudad cada día es más peligrosa. Casi siempre se trata de una percepción con poco asidero en la realidad. De acuerdo con cifras oficiales, al comparar enero de 2024 con enero de 2023, los homicidios bajaron un 22 %. El robo a comercios bajó un 65 %. El robo a personas bajó un 20 %. La segunda, que son los “migrantes venezolanos” los que contribuyen a la inseguridad. Sin embargo, esta idea arraigada en el discurso nuestro, tan dado a aspiraciones de limpieza social, tampoco tiene soporte en cifras.

Lo cierto es que, desde los días tan duros de la pandemia, las ciudades colombianas se han aprovechado de esta narrativa tremendista y a la vez xenófoba para explotar cada día más a los 2,8 millones de venezolanos que han emigrado a Colombia. Si esta población es constantemente estigmatizada, criminalizada y vulnerada, será más explotada. Si están asustados, los y las venezolanas no exigirán derechos laborales.

En un reportaje reciente, el diario Los Angeles Times narró la historia de un joven de 24 años que, tras crecer en el estado Caribe de Falcón, en Venezuela, llegó a Bogotá a rebuscar. Trabajó un tiempo en un restaurante hasta que lo culparon de un dinero que faltaba. “Me veían de otra manera, no me trataban como a un amigo, sino como a un delincuente”, explicó. Como este, son decenas las notas periodísticas que describen la explotación del pueblo venezolano en el país urbano. “Tres de cada cuatro venezolanos trabajan en el país sin un contrato laboral”, se lee en un informe. “Xenofobia y discriminación son los principales problemas que enfrentan las mujeres migrantes venezolanas”, anuncia otro. “Explotación laboral, otro drama de los menores migrantes venezolanos”, concluye un especial.

Las peticiones de seguridad y militarización nos hablan de percepciones y miedos, pero también de capitalismo e informalidad. La vida en la capital del país es parte del proceso a través del cual nos convertimos en quienes somos como nación. Este gobierno del Pacto Histórico, que trata (a veces sin éxito) de sembrar un futuro distinto, debe quizá lanzar campañas para que Bogotá, que es la ciudad más grande y complicada del país, aprenda a cultivar empatías a través (y a pesar) de la diferencia.

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NAVY(47439)05 de marzo de 2024 - 06:15 p. m.
En estos momentos de lealtad en lugar de competencias, creo que Tatiana debe ser promovida al ministerio de defensa a ver si nos ayuda con esta inseguridad tan berraca que tenemos en nuestro imaginario.
alexandrs(m841l)03 de marzo de 2024 - 05:18 p. m.
Tatiana, no puede olvidar que desde que el "genio" del Ducales, abrió la frontera se vino al país cuánto parásito y delincuente que había en Venezuela, ah, también mujeres embarazadas para obtener subsidios🤦🏽‍♀️. No es falta de empatía o solidaridad para los vecinos, solo que las bandas como el tren de Aragua es de Venezolanos. Es decir, el problema lo aumentaron esas "joyas" que vieron la oportunidad de ser más importantes aquí🤷🏽‍♀️.
Alfredo(08585)03 de marzo de 2024 - 03:38 p. m.
La inseguridad delictiva en Bogotá es un problema complejo arraigado en factores sociales, económicos y políticos. La propuesta de militarización y represión, aunque tentadora, no aborda las causas fundamentales. El voraz capitalismo, la humillante informalidad, la impunidad y la injusticia social contribuyen al ciclo delictivo. Se necesita un enfoque integral que combine seguridad, políticas sociales y económicas para construir una sociedad más justa y segura y mas cultura ciudadana
Alba(46837)03 de marzo de 2024 - 03:01 p. m.
La solución somos todos
Sergio(3490)03 de marzo de 2024 - 02:54 p. m.
El problema del venezolano es que no se ayuda, salen a pedir limosna con un beé en brazos, una niña de unamano, otra niña de la otra y el padre con otro en brazos también. Conclusión: no son serios y quieren en su descaro y falta de vergüenza seguir en las mismas: pariendo como conejos a pesar del embale.
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