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15 May 2022 - 5:30 a. m.

Geografías de la incertidumbre

Distintos medios de comunicación publicaron mapas con los municipios y departamentos bajo mayor o menor control por cuenta del Clan del Golfo. Este grupo de hombres armados, que mueve entre el 30 y 60 % de la cocaína que se produce en Colombia, impuso toques de queda durante los primeros días de mayo en los departamentos de Antioquia, Córdoba, Chocó, Bolívar y Sucre.

Una vez hubo un poco de calma, nuevos mapas mostraron cómo se registraron amenazas y ataques armados en 11 departamentos y fueron asesinadas 26 personas. Familias aisladas en sus hogares, comercios cerrados e instituciones ausentes dejaron un legado de miedo e incertidumbre en residentes de todas las edades. “Fue un desastre”, le explicó un habitante de Tuchín (Córdoba) a La Silla Vacía, “todo el mundo cerrando, todo el mundo buscando a sus hijos en el colegio, en el hogar, todas las oficinas de la Alcaldía, todo eso cerró”.

Los mapas muestran que ciudades como Riohacha, Valledupar, Ciénaga, Turbaco, Sincé, Pueblo Nuevo, Segovia, Simití y Quibdó estuvieron bajo amenaza. En tonos más y menos fuertes de rojo se dibujan las ciudades y los municipios que se vieron “afectados directamente”. Santa Marta, Bosconia, San Onofre y El Carmen de Bolívar, Necoclí, Turbo, Bojayá, Cimitarra, Puerto Wilches y Barrancabermeja fueron escenarios de gran miedo. Córdoba es quizás el departamento en que más municipios sobresalen. Cereté, Planeta Rica, Ayapel, Montelíbano y Montería son algunas de las geografías en donde cerraron filas los casi 4.000 miembros del Clan.

El territorio dibujado de rojo hace referencia a las amenazas telefónicas, los ataques armados, las vías desiertas, los panfletos, los mensajes escritos en las paredes de escuelas y en la piel de los animales, carros, motos, buses y camiones incendiados. Pero cabe quizá sobreponer otra imagen para entender el paro armado. Esta es la foto de una celebración que se publicó en prensa local y que nos muestra al cielo cordobés oscuro lleno de fuegos artificiales.

En la fotografía, un puñado de mujeres vestidas de blanco y de hombres con corbatines negros desentonan en la noche monteriana, a la vez que las calles de la ciudad viven el toque de queda armado. La “boda”, según informó el diario El Colombiano, “llamó la atención, ya que significó una especie de realidad paralela en medio de los problemas de orden público, y habría sido tan exclusiva que incluso contó con el acompañamiento del Ejército Nacional”.

En respuesta, la Décima Primera Brigada aseguró que el mentado acompañamiento había sido solo una coincidencia. Tenían instalados puntos de control y habían desplegado patrullajes coordinados con la Policía Nacional, justo en los puntos en los que caminó el cortejo matrimonial, desde la iglesia al Club Campestre, donde se llevó a cabo la fiesta. Esta última contó con la presencia de la plana mayor del Partido Conservador y con la de Jorge Rodrigo Tovar, el hijo del exparamilitar Jorge 40, elegido representante de las víctimas en el Congreso. “Somos un Club Social ubicado en la ciudad de Montería”, dice la página web del Club, “contamos con 61 años de historia en la sociedad cordobesa, brindándoles a nuestros socios todas las comodidades”.

A la luz de este matrimonio se ve mejor el paro armado que se ciñe sobre unos, pero no todos los lugares y espacios del mapa. Un paro que se dice ilegal, pero convive con representantes de la legalidad.

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