Las ciudades en Colombia cambian y se hacen más desafiantes en la medida en que se aceleran tanto el cambio climático como la desigualdad. Entre abrumadores reportes y videos sobre robos y fleteos, podría pensarse que la seguridad engloba lo ancho de las transformaciones de estos días. Sin embargo, tal vez valga la pena pensar en el agua (lluvia, charcos, corrientes de residuos y aguas tratadas que salen de las plantas de tratamiento hacia las viviendas). El agua como un bálsamo incorpora propiedades químicas y físicas, significados culturales y simbólicos. También refleja y hace peores asimetrías sociales y económicas.
En Aracataca, que en los últimos tiempos ha hecho frente a dificultades económicas y a combates entre ejércitos armados paramilitares, pobladores de barrios populares protestaron esta semana por el colapso de la infraestructura de saneamiento básico. Tras meses en que las alcantarillas se rebosaron en las calles y frente a sus residencias, recolectaron los desechos en baldes y los lanzaron encima de las paredes en las oficinas de Aquamag, uno de los operadores de los servicios de acueducto y alcantarillado locales. Quienes protestaban afirmaron estar “cansados de engaños por parte de la empresa, que se había comprometido en varias ocasiones a enviar camiones succión-presión para destaponar el alcantarillado”. Aquamag hace parte de Saur Colombia, que a su vez hace parte del grupo Saur de Francia y de su empresa Gestagua en España.
La técnica de protesta, que consiste en recolectar y arrojar excrementos y otros contenidos de las llamadas “aguas servidas”, ya ha sido utilizada ampliamente en ciudades de Sudáfrica, en las que comunidades de barrios pobres regaron sus baldes en espacios limpiecitos como el aeropuerto y la alcaldía. Esto, con el fin de hacer notar a los otros la desigualdad que define a la ciudad de una manera visceral y mediante todos los sentidos, incluyendo el olfato.
En la ciudad de San Andrés, una de las más densas del país (más de 2.000 habitantes por kilómetro cuadrado), la Contraloría General de la República alertó esta semana sobre el poco avance de la reconstrucción después de 11 meses del paso del huracán Iota. En su visita a la ciudad, el contralor delegado para el Sector de Vivienda y Saneamiento Básico, Javier Reyes, concluyó que “al día de hoy el avance es mínimo”. En este contexto y con las lluvias encima, aumentan los llamados de alerta por los retrasos en la reconstrucción de las viviendas averiadas: sólo han sido reparadas 209 de 2.505 (el 8,3 %). Varias familias ya volvieron a estas viviendas pues la vida, con sus problemas y ritmos acelerados, continuó. La cotidianidad se vive entonces entre goteras y grietas, en una ciudad con graves problemas en el servicio de agua. “Llegamos al acuerdo de que la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres se encarga de conformar y traer un banco de materiales, de eso hemos recibido del 3 al 5 % de lo pactado” explicó Manuel Niño, coordinador de Planeación de obras de infraestructura en la ciudad.
En Cartagena, como en Aracataca y San Andrés, el agua lluvia o servida corre en abundancia por los barrios en los que la gente se despierta a rebuscarse. Pero el agua limpia es escasa y hay que almacenarla. La ciudad, que es un paraíso para gente con modo, es muy difícil para todos los demás. En lo que lleva 2021 van 3.388 casos de dengue. Un aumento del 600 % en comparación con el año pasado. De los casos reportados en la ciudad este año, 96 han sido graves. Según cifras del Departamento Administrativo Distrital de Salud, el 60 % de los afectados son niños y niñas entre los diez y 14 años. El pasado 25 de octubre, las autoridades locales reportaron la muerte de Génesis Cabarcas, de seis años.