En esta semana se habló de elecciones y ciudades. Hizo noticia Juan Daniel Oviedo, candidato a la Alcaldía de Bogotá, descrito en la prensa como un técnico de centro. Frente a la pregunta sobre su afiliación política, Oviedo dijo a Blu Radio que “su propuesta para la Alcaldía de Bogotá es independiente y busca centrarse en resolver los problemas de la ciudad de manera despolitizada”.
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Oviedo, a quien recordamos como director del DANE, decidió irse a vivir al barrio Brasilia, en Bosa, la localidad siete de Bogotá. Se trata, nos cuenta la radio, “de un barrio de estratos uno y dos, donde abundan los comercios”. “Ayer pagué el arriendo, $800.000, en Bosa Brasilia II sector”, contó el candidato que hace pocos días empezó de lleno con su campaña. Relató que, con su familia, arrendó el primer piso de una casa con dos piezas, sala comedor y cocina.
En una entrevista con Victoria Dávila, de Semana, explicó la forma en que viviendo en Brasilia puede idear soluciones urbanísticas. “Tengo muy mala señal de internet en el primer piso donde estamos viviendo Sebastián, Morita (su mascota) y yo. Entonces, hay que salir a la puerta para poder revisar los mensajes de Whatsapp o las redes cuando estamos por la noche”, explicó. “Todos los vecinos nos dicen: pilas porque les pueden rapar el celular. Esta es una reflexión muy importante. Una estrategia de seguridad en Bogotá debe garantizar que este tipo de recomendaciones dejen de suceder”, concluyó.
En cuestión de días, sus contrincantes lo criticaron y calificaron su trasteo de “show” y “safari” de “turismo de pobreza”. Organizaron incluso un pequeño plantón, invitándolo a “que se tome con seriedad y respeto la necesidad del trabajo conjunto y articulado entre las distintas y muy diferentes poblaciones que habitan la ciudad”.
“Esto no ha sido un show político”, se defendió el candidato, “es una experiencia que nos ha acercado a la realidad de Bosa. No estamos utilizando esto como una plataforma de proselitismo político en nuestra campaña, sino como una oportunidad para conocer mejor cómo vive la gente en esta localidad”. En el día a día Oviedo aprende y entiende los puntos de vista de sus vecinos. Mejoras en el transporte y otros servicios como el de agua potable, así como en la seguridad y las oportunidades laborales, son algunas de las urgencias que les asisten.
Con todo, el trasteo, las buenas intenciones, justificaciones y posiciones del candidato resultan un poco confusas. Su experimento, que bautizó como “inmersión urbanística”, personifica la relación asimétrica entre el candidato y sus vecinos (él escoge vivir allí por un tiempito, ellos viven allí porque es el barrio que construyeron). Él parece estar conduciendo una investigación. Como investigador extrae información del barrio y (por ahora) no da nada a cambio. Aunque el candidato técnico busque entender la realidad de Bosa, existe una brecha entre él y sus vecinos que, junto con la implicación de una relación jerárquica entre investigador y población estudiada, da cuenta de la misma Bogotá que busca cambiar.
Oviedo ha anunciado que su candidatura y posible gobierno serán “despolitizados”. Por supuesto, hay que creerle. Aunque no sea tan evidente a qué se refiere o cómo pretende lograrlo, ¿no está acaso su mirada, desde ya, determinada por sus convicciones y posturas frente a diversos temas? ¿Cómo dará cuenta de la desigualdad abundante que define tanto a Bogotá como a todas y cada una de sus localidades? Quizás el tiempo habitando Bosa contribuirá a “politizarlo”. A transformar al investigador en un político que sea capaz de llevar a cabo las reformas redistributivas que podrían cambiar la vida de quienes conforman la capital del país.