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La crisis arrocera también se siembra en el cuerpo

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Tatiana Acevedo Guerrero
29 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
“Se habla muy poco sobre las condiciones de trabajo de quienes cultivan arroz”: Tatiana Acevedo Guerrero.
“Se habla muy poco sobre las condiciones de trabajo de quienes cultivan arroz”: Tatiana Acevedo Guerrero.
Foto: Getty Images - jxfzsy
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Recientemente, el arroz se ha convertido en noticia semanal. Hace exactamente un año se celebró un acuerdo entre el Gobierno Nacional y los productores de arroz que puso fin a un paro de nueve días, con bloqueos en Norte de Santander, Huila, Tolima, Santander, Casanare, Meta y Cesar. Los arroceros habían entregado un pliego de diez peticiones que en su mayoría fueron aceptadas e incluían el ajuste del precio, alivio a deudas, protección frente a importaciones y ajuste de la tasa por uso del agua para irrigación. “El acuerdo busca mejorar las condiciones de los arroceros desde el punto de vista coyuntural, que es el precio actual, y también desde lo estructural, que son medidas que a corto, mediano y largo plazo van a ayudar a la competitividad”, dijo entonces un representante de la Federación Nacional de Arroceros, Fedearroz.

Tan sólo cuatro meses después estalló un segundo gran paro nacional arrocero. El foco fue la caída del precio del arroz y las pérdidas que, según Fedearroz, estaban entre $2,5 y $2,8 millones por hectárea. Tras 11 días de bloqueos, Gobierno y arroceros cerraron un acuerdo de siete puntos, con regulación del precio como uno de los ejes centrales. Desde octubre pasado hasta hoy, el sector sigue muy activo y semanalmente la prensa nacional informa sobre crisis del arroz: sobreoferta, contrabando, peticiones de precios regulados y apoyos directos.

Pese a la abundancia de cobertura mediática sobre este cereal, central en nuestra culinaria cotidiana, se habla muy poco sobre las condiciones de trabajo de quienes lo cultivan. Esta cobertura sería fundamental, pues son varios los estudios que, durante la última década, han alertado sobre el daño que el oficio puede hacer a los cuerpos de los trabajadores y pedido mejoras en las condiciones de empleo. Un estudio liderado por Marcela Varona en los municipios de Guamo, Espinal y Purificación (Tolima) encontró condiciones laborales precarias: muchos trabajadores no estaban protegidos por el sistema de riesgos laborales, y se registraron intoxicaciones leves (12,9 %), moderadas (68 %) y severas (5,5 %) por plaguicidas. Y en su estudio sobre pequeños arroceros en Natagaima (Tolima), López, Pinedo y Zambrano afirmaron que los trabajadores enfrentaban una alta vulnerabilidad a la intoxicación aguda y crónica por plaguicidas, y que aunque existe cierta conciencia del riesgo, no se garantizan medidas adecuadas de protección. Este y otros estudios detectaron además alteraciones en la función renal.

Una publicación liderada por Carlos Musso (en la Revista Colombiana de Nefrología) describe un estudio en Sitio Nuevo (Magdalena). Allí, 5 de 28 trabajadores rurales de arroz (18 %) presentaron durante la jornada un “aumento significativo de creatinina sérica, junto con cambios compatibles con deshidratación”. Es decir, ese 18 % de hombres desarrolló parámetros compatibles con daño renal agudo durante el trabajo en arroceras del Caribe colombiano. Se encontró además que los trabajadores tenían bajo nivel socioeconómico en el transcurso de su vida laboral, trabajaban en la agricultura desde los 18 años, estaban expuestos a agroquímicos y tenían jornadas laborales de ocho horas con periodos de descanso programados.

Las investigaciones sobre condiciones laborales en tierras arroceras, que son lamentablemente pocas, coinciden en atribuir un papel importante a los metales pesados o agroquímicos: fertilizantes y pesticidas. Los pesticidas, nos explican, contienen agentes como cadmio, arsénico, cromo y otros metales pesados que pueden dañar los riñones y afectar su funcionamiento. La exposición crónica a estas sustancias puede derivar en la acumulación de estos metales en el cuerpo y ocasionar problemas serios a mediano plazo.

Pero quizá lo más importante es que ya son muchos los estudios en América Latina y el Caribe que anuncian que el estrés térmico recurrente (o golpe de calor) podría provocar daño renal a trabajadores rurales. En el caso de Colombia, se ha explicado cómo la deshidratación repetitiva suele empeorar si se toman bebidas dulces (con fructosa) para calmar la sed (lo que culturalmente es común). Acá vale la pena recordar que el IDEAM proyecta para 2050 un aumento de la temperatura media de 1,5 °C a 2 °C, con mayor riesgo de olas de calor y, en partes del país, menor disponibilidad de agua.

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