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En el borde del río Magdalena, Barrancabermeja vive sucesivas olas de calor. Las temperaturas en esa población han estado en promedio entre los 38 °C y los 40 °C y la sensación térmica llegó a más de 45 °C. En prensa, radio y televisión la historia fue narrada a partir de una anécdota jocosa: los habitantes del puerto petrolero empezaron a “vender sombra” por minuto.
“¿Idea millonaria? Ante la ola de calor mujeres venden sombra en Barrancabermeja”, tituló una revista. “Nacen mecanismos creativos para enfrentar el bochorno”, tituló un periódico. Los noticieros emitieron imágenes de señoras con sombrillas ofreciendo el mentado servicio. Los programas de radio las entrevistaron entre risas. Con semejante cobertura, toda idéntica, no se hicieron esperar las columnas. “El negocio consiste en pararse en la calle con una gran sombrilla y ofrecer, a un costo módico, su refugio y su consuelo, su voz de aliento mientras cambia el semáforo”, escribió, por ejemplo, Juan Esteban Constaín. Haciendo gala de erudición comparó Barrancabermeja con “una escena de los libros de viajeros del siglo XIX” y describió cómo “el sombreador corre con la sombrilla de un lado para el otro, al acecho de su esquiva y sudorosa clientela, y se para allí durante el tiempo que sea necesario, lo que dure el servicio, cuyas tarifas cambian según las exigencias del usuario, pero también según su presupuesto y su bolsillo, basta ver las caras y la urgencia”.
Este tono tan cachaco de sorpresa y elogio por la trama macondiana opacó cosas más duras. La primera es que son cada vez más comunes los picos de calor; un panorama casi igual se registró en 2022. La segunda, que el calor que registran Barrancabermeja y el Magdalena Medio santandereano deja a los cientos de familias que se dedican a la extracción de arena en Barrancabermeja sin trabajo debido al intenso verano que ha provocado una disminución en los niveles del río Magdalena. Sin trabajo quedan también las familias de pescadores. “En Barrancabermeja todos nos beneficiamos del río porque somos portuarios, ribereños y dependemos de él: los pescadores, los mineros artesanales o areneros, y también los agricultores. Ninguno de nosotros puede transportarse debido a la sequía”, dijo a la prensa local Emilio Méndez, arenero, comunicador social y presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio El Arenal.
La tercera, que el estrés térmico es un fenómeno que se intensifica con el excesivo aumento de la temperatura. Según la Organización Mundial de la Salud, las olas de calor se asocian con un incremento de los ingresos hospitalarios por trastornos cardiovasculares, renales y respiratorios. “Se estropearán la salud de la gente y la salud pública con el incremento de casos de hipertensión”, explicó un funcionario local. Desde distintas ciencias se ha advertido que el aumento de las temperaturas (en un contexto de cambio climático) hará que las olas de calor sean más frecuentes, más prolongadas y más mortales. Los más afectados serán quienes ya tienen las vidas más difíciles: las personas con enfermedades, los adultos mayores y los habitantes de calle. Estudios recientes muestran cómo el calor afecta diferencialmente a las personas en situación de discapacidad, pues altera los patrones de sueño y tiene consecuencias como la pérdida de memoria, la falta de concentración y el aumento de la irritabilidad.
Los más afectados serán, también, los domiciliarios en moto, los obreros de la refinería, los trabajadores de la palma de aceite en Puerto Wilches, los pescadores, las vendedoras de la plaza de mercado y de Vive 100.
