Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
A finales de 2017, las profesoras María Cecilia Roa-García y Sandra Brown estimaron que el coeficiente Gini, que mide la concentración de los recursos, era altísimo en el caso del agua en Colombia. A partir de la base de datos que agrupa las 28.104 concesiones de agua otorgadas en el país, hicieron un análisis sobre la asignación del agua en bloque. Encontraron que la concentración del agua en pocas manos es incluso más alta que la concentración de la tierra.
La comercialización de agua en bloque, otorgada y regulada por las Corporaciones Autónomas Regionales (CAR) fue ideada desde finales de la década de los 70 y se complementó con un régimen de tarifas de uso de agua que data de 2004. De acuerdo con los expertos, las concesiones asegurarían un uso más eficiente y una mejor gestión del riesgo futuro vinculado a este recurso. Roa-García y Brown estiman que el 70 % de los pequeños agricultores en Colombia no poseen una concesión de agua, pues aplicar para estas implica papeleo y trámites, es difícil y costoso. Asimismo, demuestran que las concesiones más importantes son para generación hidroeléctrica y para distritos de riego a gran escala.
Entre los 20 mayores beneficiarios (aquellos que usufructúan del mayor número de concesiones) están los ingenios de caña de azúcar. Es más, los cuatro primeros beneficiarios son ingenios que cultivan y procesan caña de azúcar. Estos acceden a distintas fuentes de agua, incluyendo pozos de agua subterránea. Las distribuciones son particularmente inequitativas, pues el lobby de la agroindustria ha logrado reducir las tarifas del agua a menos de un peso por metro cúbico. De acuerdo con el trabajo del profesor Guillermo Rudas, esto hace que las tarifas por el uso del agua sean solo el 0,9 % de los ingresos anuales de las CAR.
Pero no todo son grandes concesiones de agua. La embotelladora Agua Pura San Silvestre sugiere en su página de internet que Buenaventura es “la tienda del agua”. Y, como toda tienda tiene dueño, el dueño de la embotelladora San Silvestre es la empresa privada Hidropacífico, compuesta por accionistas de las ciudades de Medellín y Bogotá. “Nuestra empresa nació como una idea de negocio producto de la investigación del mercado en esta ciudad dadas las condiciones”, explica la página. En realidad, la embotelladora de agua nació cuando Hidropacífico fue escogida como operador del servicio de agua del puerto. La investigación de mercado se refiere quizás a su propio mal servicio y poco mantenimiento que conduce a que de la llave salga agua sin presión y de manera esporádica.
En la página se hace también alarde de la pureza sin igual de las fuentes de agua: del río Escalerete que surge entre las montañas y está protegido por bosques. Sin embargo, se les olvida mencionar que, en su mayoría, la población de Buenaventura no consume principalmente ni el agua que Hidropacífico envía por la llave y cobra con recibo a final de mes, ni tampoco la que Hidropacífico vende en bolsas en supermercados y tiendas. En su mayoría cosecha la lluvia en ollas, tanques y pimpinas. En palabras de una de las lideresas del movimiento por el derecho al agua pública en la ciudad: “El agua que usa la comunidad viene del cielo”.
En esta semana que termina se hizo tantísimo ruido sobre la cotización del agua en el mercado de futuros de Wall Street. El periódico El País de Cali afirmó que “la noticia ha generado comentarios negativos debido a lo que podrían hacer las grandes empresas que comercializan agua”. Pero no es necesario esperar, solo tendrían que dar un vistazo alrededor de su región para ver lo que “podría” pasar.
