Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
El mes de marzo ha sido uno de atentados en Barrancabermeja. En las semanas pasadas fueron víctimas de disparos tres mujeres. La primera fue atacada en el barrio Boston, la segunda en el Nueve de Agosto, la tercera en un peaje cercano. Aunque otras mujeres han sido amenazadas, las principales víctimas son hombres jóvenes. De hecho, de acuerdo con la alcaldía del municipio, en lo que va de 2023 han sido asesinados más de 30 hombres jóvenes.
En los denuncios y las notas de la prensa local, se habla de esta “oleada” como resultado de procesos distintos y simultáneos. Problemas que resultan de la minería ilegal y el microtráfico. Rutinas de ‘pagadiario’. Operaciones de trata de personas. Coreografías de extorsión. “Les reciben el dinero que le exigen a las víctimas a cambio de no asesinarlas”, explica la alcaldía cada que hay un arresto. Usualmente, ejercen la extorsión a través de llamadas telefónicas y mediante mensajes que envían por aplicaciones de mensajería instantánea.
El 10 de marzo, los hombres presos en la estación de Policía de la ciudad le prendieron fuego a sus colchonetas en lo que fue descrito como un intento de fuga y motín, que dejó dos hombres heridos. En la mentada estación el hacinamiento supera el 70 %. El 3 de marzo los habitantes del barrio Primero de Mayo hicieron una jornada de reflexión ante la violencia por la que atraviesa su ciudad.
El alcalde Alfonso Eljach tiene dudas sobre la efectividad de la tradicional prohibición de parrilleros, en una ciudad que se moviliza en moto. “La verdad es que no veo que sea una medida viable”, explicó una oyente radial. “Acá la mayoría usamos las motos para transportarnos y eso nos afectaría mucho... cómo nos vamos a movilizar si acá el transporte público no funciona…”. Reforzando este argumento, la organización de taxistas locales informó este pasado martes, que no prestarían servicios en algunas zonas de Barrancabermeja y que trabajarían hasta el final de la tarde.
La personera municipal, Gina Romo, optó por una iniciativa de diálogo regional. “No más vidas perdidas de jóvenes en medio de una guerra sin control en la ciudad”, explicó. “Junto con la iglesia pedimos un diálogo regional de paz”.
Lo cierto es que, comparadas con las promesas del momento transicional promovido por el proceso de paz con las Farc-ep, en la Colombia post pandemia las ciudades son más difíciles. Barrancabermeja, por ejemplo, ha sobrevivido distintos periodos de violencia entre tomas guerrilleras y peleas por los barrios, además de una arremetida paramilitar que destruyó tejidos barriales, comunitarios y sindicales. Sin embargo, hoy vive ritmos diferentes.
En lugar de planear sobre la base de unas ciudades con grupos criminales específicos y dinámicas predecibles, en las que hay unos enemigos identificados, tal vez haya que proyectar a partir de desigualdades urbanas groseras, donde las personas adaptan y cambian sus estrategias cada mañana. Cabe entonces pensar la vida urbana como una construida sobre arenas movedizas, expuesta a situaciones inesperadas en donde las reglas no son permanentes. Un conjunto de ciudades en el que a la vez que se construyen alternativas, se producen rupturas y distanciamientos. Por eso, aunque suene obvio, harían falta cientos de iniciativas, en todas las escalas. Para repensar el futuro urbano, se requieren más jornadas de reflexión como la del barrio Primero de Mayo.
