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23 Jan 2022 - 5:30 a. m.

Proponen nueva ciudad para los desplazados

“Tenemos que pensar en construir una ciudad o varias satélites”, propuso la candidata a la Presidencia Íngrid Betancourt. “Sitios donde el terreno le pertenezca a la nación para evitar la especulación de finca raíz”, explicó. “Donde podamos hacer de esos centros, centros de vida, un nuevo mundo donde las personas que no han tenido el derecho a tener su casa, de tener su posibilidad de insertarse en la prosperidad, encuentren la manera de cumplir sus sueños”. La candidata expresó un deseo de aprovechar territorios, informó Blu Radio, que se destinen para personas como “los ocho millones de víctimas de desplazamiento que existen en nuestro país, quienes se han visto obligados a asentarse en las periferias de las ciudades”.

La posibilidad de esta reforma urbana (para dar respuesta a una guerra rural) fue recibida con escepticismo entre urbanistas y expertos. Sin embargo, la idea de un lugar aparte, quizá lejos, donde se concentren las comunidades desplazadas es atractiva para muchos. Ha sido puesta en marcha en otros continentes y países. Y fue ideada no hace mucho, acá cerquita, en Barranquilla.

La posibilidad de un “nuevo municipio” en el Atlántico fue una propuesta que impulsó el conservador Rodolfo Espinosa Meola, gobernador del departamento entre 1998 y 2000. La idea, escrita en carta y dirigida al ministro de Desarrollo, Rodrigo Marín, se planteó “como forma de solucionar el problema de cerca de 2.500 desplazados” que habían llegado a Barranquilla.

Durante la década de 1990, los grupos paramilitares de derecha se expandieron a lo largo del norte de Colombia, a través de la región del Caribe, con la ayuda de terratenientes locales, empresarios, políticos y miembros del Ejército y de las agencias de seguridad nacional. Las familias que se vieron obligadas a partir abandonaron sus tierras y trabajos, y llegaron a la ciudad sin muchas posesiones ni perspectivas de trabajo o vivienda. Se asentaron principalmente en los barrios existentes del sector suroccidente, pero a medida que llegaron más personas, el sector se expandió: con diez barrios informales creados en la década de 1990 y 15 más a principios de la década de 2000. La población desplazada entró en el rebusque. Trabajaron como vendedores ambulantes, carromuleros, recicladores, mensajeros, celadores, trabajadores de la construcción, empleadas domésticas, niñeras y peluqueras.

Mientras la construcción estaba en auge y los negocios crecían en los sectores del norte de la ciudad, el sector más pobre, en el suroccidente (y los municipios que abrazan el área metropolitana), tenía más del 50 % de su población bajo la línea de pobreza. La propuesta del gobernador Espinosa se enmarcaba dentro de una alianza en que grandes empresarios de Barranquilla incursionaban en la política y ponían su conocimiento técnico y comercial al servicio de una ciudad bien “gerenciada”. Por un lado, la llamada Gran Alianza aglomeraba a los senadores Fuad Char, Roberto Gerlein, Gabriel Acosta, Jaime Vargas y Efraín Cepeda. Por otro, el Comité Intergremial de la ciudad unía a representantes de la industria, la construcción y la influyente seccional de la Cámara de Comercio.

La mentada gran alianza por la gerencia imaginó la nueva ciudad para desplazados, pero no la pudo poner en marcha por falta de interés en el Gobierno Nacional (y en consecuencia, falta de fondos). Sin embargo, la alianza sí tomó decisiones deliberadas para concentrar toda inversión en los barrios de mayores y medios ingresos. Así, se invirtió poco en el suroccidente durante la llegada de comunidades desplazadas: poco en la recolección de basuras y casi nada en el mantenimiento y ampliación de la infraestructura de drenaje, agua y electricidad.

La “nueva ciudad para desplazados” nunca se construyó, pero la intención de edificar un lugar separado donde llegarían todas las víctimas de la guerra, sin perturbar la vida cotidiana barranquillera, perduró en algunas élites políticas locales y regionales. Las comunidades desplazadas se ubicaron en el sector suroccidente, y mediante una serie de normas de carácter nacional y local, 26 barrios del sector fueron clasificados como “subnormales”. Eran pues lugares de marginalidad con respecto al resto de la ciudad. A pesar de las intenciones de los gerentes urbanos, este sector no era “otra” ciudad. Trabajando en la construcción, seguridad, trabajo doméstico y cuidado de niños en barrios más ricos, estas comunidades no solo llegaron a vivir a Barranquilla, sino que la construyeron.

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