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“Químicos para siempre”

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Tatiana Acevedo Guerrero
21 de agosto de 2022 - 05:30 a. m.
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En una mañana reciente, Julio Sánchez Cristo comentó sobre el debate en torno al fracking. Dando saltos para presentar “los dos lados del debate”, el líder de opinión afirmó que “Colombia en el mapa mundial es prácticamente invisible en contaminación”. Luego explicó cómo, de acuerdo con un mapa en que se detallan las emisiones de dióxido de carbono por país, las contaminaciones de Colombia son mínimas. Y tras dar este dato, repitió: “Colombia es un país muy sano en contaminación”.

Hay acá quizás una confusión. En primer lugar, porque las emisiones acumulativas de dióxido de carbono (que son la causa principal del cambio climático) no son el único tipo de contaminación ambiental. En segundo lugar, aunque los países menos ricos no han contribuido de manera significativa al cambio climático, sí serán los más vulnerables a sus efectos.

Un ejemplo de esta situación (contaminación ambiental generada en otra parte tiene efectos terribles en Colombia) lo podemos encontrar en la lluvia. De acuerdo con un estudio liderado por el profesor Ian Cousins, el agua de lluvia en casi todas partes del mundo tiene niveles inseguros de químicos. Específicamente tiene niveles inseguros de sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS por sus siglas en inglés), un grupo de agentes químicos que se conocen también como “químicos para siempre” porque no se descomponen en el medio ambiente.

Las mentadas PFAS han sido fabricadas y utilizadas en una variedad de industrias en países desarrollados desde los años 40. Se usan para hacer teflón y en industrias de alfombrados, cuero, ropa, textiles, papel y envases de alimentos y por mucho tiempo hubo cierto desconocimiento sobre su toxicidad. Hoy en día las cosas han cambiado, pues algunas de las PFAS han sido relacionadas con problemas de salud. “De acuerdo con las últimas pautas de calidad del agua en los Estados Unidos”, afirmó Cousins, “el agua de lluvia en todas partes del mundo se consideraría insegura para beber”. En este, como en tantos casos, gran parte de la contaminación ambiental se genera históricamente en países del norte. No obstante, las consecuencias las sentirán comunidades en países como el nuestro.

De acuerdo con informes de la prensa local, en San Andrés el agua potable llega cada 15 días y por no más de ocho horas, y menos del 15 % del departamento tiene acceso a agua los siete días de la semana. Muchas familias del pueblo raizal tienen sistemas de cisterna que se nutren de agua lluvia. Es una práctica que se ha mantenido por generaciones. “Si dura tiempo sin llover se me seca [la cisterna] y me toca comprar un carrotanque, que vale más de $100.000”, le dijo un habitante a la prensa. Y pese a que se han hecho inversiones en infraestructura, muchos habitantes explican que el agua potable o embotellada es demasiado costosa para sus ingresos, por lo que siguen dependiendo de lluvia para muchas de las labores cotidianas.

En otra costa, los habitantes de Buenaventura reciben agua a baja presión cada dos días durante solo unas pocas horas y dependen en gran medida del agua de lluvia. Comunidades en barrios de menores ingresos tienen también problemas para pagar los recibos, en una ciudad con altísima informalidad laboral. En este caso vemos también cómo son muchas las formas de contaminación ambiental presentes y originadas en Colombia, pues este año se han presentado cortes de agua prolongados, debido a dificultades para potabilizar y suministrar el agua del río Escalerete (de la que se provee exclusivamente el acueducto). La turbiedad del río es producto de la minería ilegal en la región Pacífica.

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