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Regular las telarañas

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Tatiana Acevedo Guerrero
08 de agosto de 2021 - 05:30 a. m.
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Dice la prensa de esta semana que las “telarañas de redes que se extienden por Barranquilla empezarán un proceso de regulación”. Las “telarañas”, que son enredos de cables que pasean entre transformadores de distribución y conexiones eléctricas domésticas y comerciales, serían retiradas “por distintas dependencias de la Alcaldía”. Aunque la noticia celebra esta decisión que “reducirá la contaminación del paisaje urbano”, reconoce también que será un proceso complejo, ya que no depende necesariamente de la Alcaldía sino de la empresa privada de servicios públicos. Por otra parte, la “regulación” implicará destruir decenas de conexiones informales que se hacen y deshacen cada día en la ciudad. “En total”, afirmó este viernes la empresa de energía Air-e, “fueron retiradas conexiones antitécnicas de 337 chazas en puestos ambulantes”. En los puestos que quedaron sin electricidad se vendían bebidas, comidas y funcionaban peluquerías ambulantes.

Además de los cables, son noticia los buses del Transmetro que hace pocos días dejaron de andar. Mientras crecían las filas de mujeres y hombres que esperaron en vano transporte para ir a trabajar, los conductores del operador Metrocaribe informaron que suspendían labores para exigir el pago de salarios y prestaciones sociales atrasados. Al ser informado, el alcalde Jaime Pumarejo explicó que durante los últimos meses el distrito ha venido ayudando con algunos subsidios a Transmetro y que, pese a que el operador está pasando aceite en medio de la pandemia, el desempleo y las clases virtuales universitarias, “Barranquilla” no puede salir a su rescate. “No podemos financiar un sistema que solo mueve el 20 % de las personas”, dijo.

En la declaración de Pumarejo se resumen los problemas en los que la ciudad está empantanada desde que la industria se arruinó y el puerto dejó de ser importante, en distintos momentos del siglo XX. “Barranquilla”, dice Pumarejo, no puede ayudar a los empleados del transporte público o masivo. ¿Pero quién hace parte de la mentada Barranquilla?

Desde el final de la década de 1980 la ciudad empezó a ceder los servicios públicos, que funcionaban mal y estaban pésimamente financiados, a empresitas privadas a través de contratos de concesión. El primero fue quizás el de recolección de basuras, subcontratado en el norte más pudiente de la ciudad. Luego, en medio de varias crisis de infraestructura se privatizaron la luz, que eventualmente pasó a manos del famoso Electricaribe, y el agua, que pasó a manos de la Triple A. La privatización de las empresas públicas coincidió con oleadas de migración en el contexto de la guerra que azotó al Caribe. La ciudad creció rápidamente y de manera desigual.

Situadas en los barrios menos privilegiados, las familias desplazadas compraron o alquilaron terrenos en el mercado de urbanizaciones piratas y se reubicaron en barrios informales o en nuevos asentamientos autoconstruidos. A fines de la década de 1990, estos nuevos residentes se establecieron principalmente en los barrios existentes en el suroccidente, La Pradera, La Paz y Nueva Colombia, y construyeron uno nuevo llamado Las Malvinas. Pero a medida que llegó más gente el sector se expandió, con 10 barrios informales creados en la década de 1990 y 15 más a principios de la década del 2000. En estos barrios convivían una gran diversidad de familias, regiones y costumbres, donde las comunidades dependían principalmente del empleo informal.

Además de extender los servicios a nuevos barrios, se esperaba que las empresas concesionarias de servicios públicos operaran sobre la base de principios comerciales, incluida la recuperación de los costos de prestación de servicios. Este acto de equilibrio, que implica lograr la cobertura del servicio universal de una manera comercialmente viable, fue imposible entonces. Es imposible ahora. Los servicios sirven a quienes pueden pagarlos. El 20 % que se tenía que mover en Transmetro es quizás el que tiene los empleos esenciales de cuidado y quedó varado. Si se cortan los cables que alimentan el rebusque de cientos de habitantes de la Barranquilla metropolitana, habrá familias con hambre.

Y se volverán a tejer las conexiones informales, telarañas, mañana.

Conoce más

 

Jesús(90019)09 de agosto de 2021 - 12:04 a. m.
Y... ¿Que dicen los clanes Char y Gerlein de las sobras de ciudad que están dejando?
Juan(11210)08 de agosto de 2021 - 06:40 p. m.
El desplazamiento, la guerra y la falta de oportunidades han sido los impulsores de la "urbanización" informal, desordenada y costosísima de nuestras ciudades
Flavio(nrv85)08 de agosto de 2021 - 02:21 p. m.
¡AJA!
Luis(17764)08 de agosto de 2021 - 11:53 a. m.
Y allá metieron el contrato x un billón de$ para no se q y aja
  • Eugenio(71409)08 de agosto de 2021 - 09:50 p. m.
    Luis, los organismos de control se hacen los ciegos frente a la adjudicación de lucitacion de 1 BILLON DE PESOS para arborización de barranquilla
  • Eugenio(71409)08 de agosto de 2021 - 09:46 p. m.
    Luis, y los organismos de control se hacen los de la vista gorda frente al robo de 1 billón en la adjudicación de licitacion de siembra de arboles por parte mediático alcalde pumarejo
Oscar(85691)08 de agosto de 2021 - 11:13 a. m.
El agua la vendían a los pobres que la compraban en camiones cisterna de propiedad de los Name. Y esos camiones tomaban el agua sin pagar de la Triple A.
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