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Sobre la ANUC

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Tatiana Acevedo Guerrero
22 de junio de 2011 - 11:00 p. m.
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Es un hecho que políticos finqueros y omnipotentes terratenientes obstaculizaron las reformas agrarias de la década del sesenta. Sin embargo, vale la pena recordar las trabas que surgieron del propio movimiento campesino.

Este último tuvo su auge a finales de los sesenta debido a la acción de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, ANUC, promovida por Lleras Restrepo en el marco de la implementación de la reforma agraria. Durante sus primeros años la ANUC cosechó triunfos organizativos y participó en las juntas directivas de organismos estatales como el Incora, el Inderena e incluso la Caja Agraria. En noviembre de 1970 la Asociación alcanzó un registro de 908.358 usuarios y, un par de meses después, se registraron 316 tomas de tierras en 13 departamentos del país.
 
Enfureciendo señores feudales en la costa Caribe y el Valle del Cauca, la ANUC había logrado trabajar en equipo con el Incora representando así las reivindicaciones urgentes del campesinado nacional. No obstante, en junio del 71, las diferencias irreconciliables entre distintas tendencias ideológicas y regionales se hicieron evidentes en el seno de la Asociación.
 
La ANUC se escindió entre distintas tendencias de izquierda –maoistas, troskistas, marxista leninistas e independientes, entre otros-. Al mismo tiempo, el movimiento se dividió entre la Línea Sincelejo, que defendió las acciones directas establecidas en la costa Caribe, y la Línea Armenia que sólo apoyó las invasiones en casos extremos. La Asociación llegó a albergar más de una decena de líneas, y cayó así en un faccionalismo paralizante.
 
Es innegable que agentes del estado y paramilitares arrinconaron política o físicamente a la ANUC. Pero la neutralización del movimiento campesino no sólo provino de estas presiones, sino de la heterogeneidad de las demandas.
 
En el marco del proceso de restitución de tierras no está de más recordar que los conflictos agrarios varían considerablemente según la región y que cualquier redistribución de tierra es también un problema de acción colectiva.
 

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