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16 Jan 2022 - 5:30 a. m.

Soluciones milagrosas

“Esto es, de cierto modo, vacunar a los mosquitos, para que una vez vacunados no puedan transmitir el dengue, la fiebre amarilla, el chikunguña”, explicó el alcalde de Cartagena, William Dau. Semanas después se aclaró que “lo que explicaba el alcalde Dau de que iba a vacunar los mosquitos se refiere a liberar un lote de mosquitos que tiene la bacteria wolbachia, de laboratorio, y que, al aparearse con los mosquitos locales, estos estarán como vacunados y no podrán transmitir esos virus”.

Para lanzar este plan de salud pública se contó con la participación del gerente de World Mosquito Program para Colombia. “Tenemos experiencias de éxito en ciudades como Medellín y Cali, que lograron combatir el dengue a través del uso de la bacteria wolbachia, entonces vamos a socializar este proyecto en las localidades más afectadas e iniciarlo en el menor tiempo posible”, reportó el Departamento Administrativo Distrital de Salud (DADIS).

Aunque la disponibilidad de avances científicos y programas extranjeros debe ser celebrada, cabe matizar el entusiasmo. Y es que, por más que suene muy sexy, la “vacunación de mosquitos” no es una cura milagrosa ni funciona por sí sola. En Cali, por ejemplo, siguen teniendo una de las tasas de dengue más altas del país (en lo que va de 2022 ya se registró la primera muerte por dengue en la ciudad). Además, ni en Cali ni en Medellín se vive una inequidad en el acceso a la infraestructura de agua de la magnitud de la que se observa en Cartagena.

Mientras la historia del World Mosquito Program, los zancudos de laboratorio (y la bacteria wolbachia) suena complicada y difícil de entender, aquella del dengue en la ciudad es quizá más sencilla. Tiene que ver con dos procesos interrelacionados. En primer lugar, las formas en que los barrios de menores ingresos enfrentan la intermitencia en el servicio de agua y han tenido que recurrir a prácticas de almacenamiento. En segundo lugar, las formas en que el agua cambia una vez que ha sido almacenada y se convierte en agua fértil donde el mosquito se desarrolla (huevos, larvas y pupas). Lo mismo sucede con otro tipo de infraestructuras inexistentes y en otros tipos de aguas estancadas, como las presentes en los residuos sólidos o canales de drenaje.

Los mosquitos adultos emergen de las pupas. Estos insectos adultos continúan su ciclo de vida interactuando con los cuerpos de la comunidad, y la hembra del zancudo eventualmente regresará al agua para poner sus huevos. Las rutinas de los barrios con menor inversión en infraestructura (en una ciudad con poca redistribución) no solo incluyen guardar agua, sino también incluyen rociar las habitaciones con insecticidas comerciales.

“¡El dengue es una lucha de todos!”, afirmó la directora del DADIS, pero eso es falso. Es en realidad una lucha del barrio El Pozón, con 751 casos de dengue registrados en 2021; del barrio Olaya Herrera (uno de los más densos de la ciudad), con 694 casos; del barrio Nelson Mandela, con 263 casos; de los barrios que componen el corregimiento de Bayunca, en el área metropolitana, con 434 casos. Todos son barrios donde vive población que se rebusca, que recibieron a la población desplazada en el pasado y a la población venezolana hace poco y concentran altos porcentajes de población afrodescendiente.

El distrito aconseja a estas comunidades no almacenar agua en la intimidad del hogar y repite que si deciden almacenar agua deben limpiar cuidadosamente los recipientes para evitar la propagación de mosquitos. Se suele culpar a las comunidades de la propagación del mosquito, sin tener en cuenta que las enfermedades, incluso las que parecen nuevas como el zika, responden a viejas desigualdades. Con o sin zancudos de laboratorio.

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