17 Oct 2021 - 5:30 a. m.

Trece centavos

Los 11 municipios que conforman el Catatumbo han vivido cortos períodos de entusiasmo en que pareciera que una andanada de inversiones estatales podría ponerle límites a la confrontación por rutas y el reclutamiento de los muchachos por cuenta de distintos ejércitos y bandas. Fue en primer lugar la guerrilla de las Farc la que expandió, controló y reguló los cultivos de coca y la producción de base y pasta en la región a finales de la década del 80. Más adelante, en el municipio de Tibú se instalaron los carteles de narcotráfico en el Catatumbo. Como lo han documentado informes oficiales y periodísticos, los carteles habrían financiado la llegada de ejércitos paramilitares que, como en tantas otras regiones, se hicieron al control de los distintos eslabones del negocio. Con la desmovilización paramilitar y la extradición a Estados Unidos por delitos de narcotráfico de varios de los líderes que mandaban en la zona, de los bloques Catatumbo y Norte, hubo quienes en la región se atrevieron a vaticinar días mejores.

Sin embargo, como nos lo explica la profesora Yamile Salinas, quien estudió estas tierras, esto no significó el desmonte del narcotráfico. Además de grupos de excombatientes y criminalidad organizada, las Farc y el Epl entraron a la disputa por el control no solo de cultivos y laboratorios, sino de rutas de contrabando de mercancía y gasolina. Con la desmovilización de las Farc, los habitantes de esta región colombo-venezolana asistieron a un segundo momento de entusiasmo: de futuras inversiones, creación de agencias para construir bienestar social, oportunidades de trabajo y estudio, y redistribución de tierras y de riquezas. Con la pérdida de energía para cumplir el Acuerdo de La Habana, la multiplicación de actores armados en la pugna por rutas y prestigios, y la ruptura de las relaciones entre Colombia y Venezuela, quedó el Catatumbo a merced de la frustración y el capitalismo más descarnado.

Tibú, El Tarra, Sardinata, El Carmen, Convención y Teorama, San Calixto, Hacarí, La Playa, Ocaña y Bucarasica han ido creciendo en una urbanización catalizada por la criminalidad. Aumenta así la población aglomerada en ritmos de ciudad (hoy casi el 80 % de la población de Norte de Santander es urbana), pero las ciudades son en realidad pequeños núcleos abrazados por veredas sembradas de hoja de coca. Ya a finales de 2014 la profesora Salinas hablaba de la migración de adolescentes más desposeídos a estas ciudades como uno de los nudos más complicados del conflicto. “Para el debilitamiento de las guerrillas, los neoparamilitares y la delincuencia común”, explicó, “es fundamental diseñar estrategias de educación, empleo, atención psicosocial y espacios recreativos para los jóvenes y adolescentes, en especial para los que huyeron de las zonas rurales y habitan en áreas marginales de los cascos urbanos”. Esta semana que acaba un adolescente que había migrado meses atrás, primero desde Venezuela hasta zona rural de Tibú y luego hacia el casco urbano de Tibú, fue asesinado en un episodio de lo que en Colombia se ha conocido como limpieza social. El amigo con el que andaba también fue asesinado. Fueron acusados de intentar robar un pantalón.

En la novela Trece centavos, el escritor sudafricano Sello Duiker cuenta la vida de Azur, un adolescente que trata de sobrevivir en la ciudad de Cape Town. Pese a que se celebra el fin del apartheid y en el país se vive un aire de optimismo por los acuerdos de paz, Azur se enfrenta a una cotidianidad hostil, distópica, cundida con la violencia, la explotación y las actitudes intolerantes que prevalecieron durante el apartheid. En el borde de la niñez el adolescente logra tener una vista quizá privilegiada de la sociedad que los adultos construyen. Una de rebusque, por una parte, y acumulación grosera, por la otra. “La plata es todo”, se dice a sí mismo después de haber perdido lo poco que había ahorrado. El protagonista narra cómo las fuerzas destructivas del mundo en que vive trabajan continuamente para reducirlo a casi nada, a un objeto con precio. A 13 centavos.

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