
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Colombia se consolidó como primer destino turístico en Sudamérica. Las cifras del Ministerio de Industria, Comercio y Turismo son elocuentes: entre agosto de 2022 y noviembre de 2025, recibimos a más de 21 millones de visitantes no residentes; es maravilloso. El potencial del turismo es enorme, pero representa grandes desafíos.
No podemos convertirnos en una vitrina de postales bonitas y exóticas. Este es el reto que se ha planteado el Ministerio al impulsar este boom del turismo y el que tendríamos que asumir todos los demás. No somos solo ballenas que saltan, playas intactas ni montañas que se dejan fotografiar. Somos también los pueblos que madrugan, las ciudades que resisten, las conversaciones incómodas y las contradicciones que no caben en una historia de Instagram.
El verdadero desafío de este auge turístico es hacer que quienes lleguen no vengan sólo a mirar sino que, por unos días, entren en una vida que transcurre. Ser anfitriones, más que posar para la foto, es propiciar el encuentro: que el visitante, además de recorrer el país, como quien ojea un catálogo, lo habite con respeto y curiosidad, aunque sea brevemente.
Viajar también puede ser un ejercicio de empatía: escuchar, preguntar antes de juzgar y entender que detrás de cada sonrisa puede haber una historia compleja. El turismo, bien enfocado, es una ventana para asomarse y comprender el mundo, con sus heridas y su vitalidad. Esta premisa aplica tanto para el visitante como para el anfitrión. El ejercicio de encuentro con los otros es una gran oportunidad de conocernos y reconocernos a nosotros mismos.
El Ministerio espera, para este año, 7,5 millones de visitantes. Recibirlos nos obliga a mirarnos de nuevo, a reconocer nuestra diversidad y a aceptar la diferencia como parte de la vida compartida. Si esta bonanza nos ayuda a ampliar nuestra mirada del mundo, y de nosotros mismos, entonces sí que seremos el país de la belleza.
@tatianaduplat
