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Siempre es con los otros

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Tatiana Duplat Ayala
11 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
“El 22 tendremos que empezar a reconstruir algo mucho más valioso: la confianza mínima que hace posible la vida en común”: Tatiana Duplat Ayala.
“El 22 tendremos que empezar a reconstruir algo mucho más valioso: la confianza mínima que hace posible la vida en común”: Tatiana Duplat Ayala.
Foto: El Espectador
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Pase lo que pase el próximo 21 de junio, gane quien gane las elecciones, el 22 nos levantaremos con un país roto, dividido por la confrontación. Más allá del resultado, la realidad será ineludible: vamos a seguir viviendo juntos. Y aunque la política parece alimentarse cada vez más de los discursos de odio para ganar elecciones, lo cierto es que nos necesitamos todos para encarar los desafíos colectivos.

Una vez se cuenten los votos, comenzará otra etapa. Ningún presidente gobierna solo. No es contra los otros: siempre es con los otros. Solo logra gobernar de verdad quien entiende la premisa. Ningún partido tiene el monopolio de las buenas ideas. Ninguna transformación profunda es posible sin acuerdos, sin diálogo y sin la capacidad de trabajar con quienes piensan distinto. Llegamos a la segunda vuelta atrapados entre posiciones radicales. La realidad es que, al día siguiente, quien gane será el presidente de todos los colombianos.

La responsabilidad no es solo de quien llegue a la Casa de Nariño. Al día siguiente volveremos a encontrarnos en el trabajo, en las universidades, en los barrios, en las mesas familiares y en los grupos de amigos. Tendremos que aprender, de nuevo, a conversar sin descalificar, a disentir sin odiar y a reconocer que quienes votan distinto no son enemigos. Porque la democracia consiste en encontrar la manera de vivir juntos, a pesar de nuestras diferencias.

El 21 de junio elegiremos un presidente. El 22 tendremos que empezar a reconstruir algo mucho más valioso: la confianza mínima que hace posible la vida en común. Ningún país puede sostenerse indefinidamente sobre el resentimiento o el desprecio por el otro. Quizás la tarea más urgente de los próximos años no sea ganar una discusión política, sino recuperar la capacidad de reconocernos como parte de un mismo empeño colectivo. Son tiempos difíciles. Nos necesitamos todos y nos necesitamos diferentes.

@tatianaduplat

Tatiana Duplat Ayala

Por Tatiana Duplat Ayala

Historiadora de la Universidad Javeriana y doctora en Historia egresada del Programa de Paz y Conflictos de la Universidad de Granada. Cursó el Ciclo Básico de Estudios Musicales con énfasis en violonchelo en la Universidad Nacional de Colombia. Cuenta con amplia experiencia en la implementación de proyectos de cambio social y construcción de paz
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Marco(t2vy2)17 de junio de 2026 - 01:12 p. m.
Qué alivio habrían dado estas palabras para pedir que, durante cuatro años, no se alimentara, desde los medios y los gremios empresariales, el odio por las políticas sociales y la estigmatización a las personas que manifiestan su consciencia de clase, ¿no?
PEDRO CASTIBLANCO REYES(85266)12 de junio de 2026 - 02:53 p. m.
las promesas de abelardo enarbolando la motosierra, son en su orden, destripar a todo aquel que vote por Cepeda, botar a la calle a 700 mil funcionarios estatales, reducir solamente a cuatro ministerios, montar tres bases norteamericanas, solicitar a sus amos del norte la negacion de la visa a millones de Colombianos, y sembrar el caos, la masacre, la guerra infame a toda una nacion y si el experimento macabro le sale mal, volar a Italia y se acabo el rollo.
Rosdel(57807)12 de junio de 2026 - 02:49 p. m.
“Los unos y los otros somos todos”. Decía mi padre iletrado. Lo que usted haga me afecta, actúe bien mijo para que todos progresemos y salgamos adelante…
Tulio Claudio (70717)12 de junio de 2026 - 01:06 p. m.
Gane quien gane no hay otro camino que el "Acuerdo Nacional para las reformas democráticas. "Por las buenas o por las malas", no funciona. De manera que no panda el cúnico.
Fcardona(28018)12 de junio de 2026 - 01:48 a. m.
Es el momento de tomar una posición clara: con la decencia o con la indecencia. Hagamos el esfuerzo de pensar que pasaría si ganara el fanfarrón y atarván: 700 mil empleados públicos se quedarían sin trabajo, perderíamos soberanía, la izquierda sería destripada, en fin volverían a poner el Estado al servicio de los más ricos y sus bufones, y no del pueblo. No es el momento de discursos motivacionales y de autoayuda.
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