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Vientos de guerra

Tatiana Duplat Ayala

05 de marzo de 2026 - 12:05 a. m.
“Los principios del Derecho Internacional han dejado de ser límites éticos para convertirse en estorbos retóricos”: Tatiana Duplat Ayala.
Foto: AFP - ALEX MITA
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Suenan explosiones y, antes que lamentarlo, el mundo parece embelesado con la idea de la guerra. En Ucrania la invasión rusa se prolonga sin horizonte; en Gaza la devastación se hizo costumbre; y los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán amenazan con incendiar la región. A la distancia, los enfrentamientos son movidas calculadas del tablero geopolítico; de cerca, son ciudades arrasadas, familias rotas y generaciones enteras marcadas por el miedo.

Se ha instalado un clima de opinión que normaliza la confrontación armada. “Daños colaterales” y “golpes quirúrgicos” son eufemismos. El lenguaje se ha vuelto indulgente con la fuerza y severo con la humanidad. Así, los principios del Derecho Internacional han dejado de ser límites éticos para convertirse en estorbos retóricos frente a la promesa de una victoria total, siempre a un bombardeo de distancia.

Mientras tanto, el negocio florece. El último informe del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) confirma lo evidente: el volumen global de transferencias de armas entre 2020 y 2024 fue el segundo más alto de los últimos quince años, y las cien mayores empresas del sector facturaron 679 mil millones de dólares en 2024, un récord histórico. Junto al comercio legal, el tráfico ilegal alimenta violencias locales: en Colombia se estima que uno de cada tres fusiles en circulación es ilegal, y estas armas están detrás del 78 % de los homicidios del país.

Con las guerras solo hay muerte y destrucción: pierden los civiles bajo las bombas, las democracias que erosionan sus principios y el futuro que se aplaza para todos. Ganan muy pocos: los fabricantes y comerciantes de armas, legales e ilegales, que prosperan en medio del humo y los escombros. Es una trampa creer que existe un fin capaz de justificar la barbarie. Cuando el estruendo se apague, no habrá gloria; lo único que quedará será el vacío.

@tatianaduplat

Por Tatiana Duplat Ayala

Historiadora de la Universidad Javeriana y doctora en Historia egresada del Programa de Paz y Conflictos de la Universidad de Granada. Cursó el Ciclo Básico de Estudios Musicales con énfasis en violonchelo en la Universidad Nacional de Colombia. Cuenta con amplia experiencia en la implementación de proyectos de cambio social y construcción de paz
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