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EL HOTEL ARTICO EN ILULISSAT, Groenlandia, es un lugarcito encantador en la costa occidental, pero nadie lo confundiría con un Four Seasons –quizá con un One Seasons–. Sin embargo, cuando mi esposa y yo caminamos de regreso a nuestra habitación después de cenar la otra noche, y llegamos a nuestro pasillo en penumbra, se prendió la luz.
La encendió un detector de movimiento, ahorrador de luz. Incluso, nuestro escusado tenía dos potencias para jalarle dependiendo –cómo digo esto en forma delicada– exactamente de lo que se estaba jalando. ¡Un escusado de dos velocidades! Nunca he encontrado nada de esto en un hotel estadounidense. ¡Oh, si tan sólo pudiéramos ser tan eficientes energéticamente como Groenlandia!
Un día después, volé de vuelta a Dinamarca. Luego de algunas citas aquí en Copenhague, iba conduciendo un coche de regreso a mi hotel a las seis de la tarde, la hora pico. Y, caramba, se sabía que era la hora pico, porque 50 por ciento del tránsito en cada crucero era de bicicletas. Ese es aproximadamente el porcentaje de daneses que usan los vehículos de dos ruedas para ir al trabajo y regresar de él, o a la escuela, todos los días. Si yo viviera en una ciudad en la que hubiera carriles exclusivos para bicicleta en todas partes, incluido uno para el aeropuerto, también iría a trabajar así. Eso significa menos tránsito, menos contaminación y menos obesidad.
No obstante, lo que fue más impresionante de este día fue que estaba lloviendo. No importaba. Los daneses simplemente se ponen chamarras para la lluvia y pants para andar en bicicleta. ¡Si tan sólo pudiéramos ser tan inteligentes en la energía como Dinamarca!
A diferencia de Estados Unidos, Dinamarca, a quien golpeó terriblemente el embargo petrolero árabe de 1973 por el que se prohibió conducir los domingos por un tiempo, respondió a esa crisis en forma tan constante, centrada y sistemática, que en la actualidad es independiente energéticamente. (Y no sucedió porque los políticos daneses hayan hecho estúpida a su gente diciéndoles que la solución simplemente era más perforación en mar abierto).
¿Cuál fue el truco? Sin lugar a dudas, Dinamarca es mucho más chica que nosotros, y tuvo suerte al descubrir algo de petróleo en el mar del Norte. Sin embargo, y a pesar de eso, los daneses se impusieron un conjunto de impuestos a la gasolina y al CO2, así como normas de eficiencia en la construcción y los aparatos, lo que permitió el crecimiento de su economía –mientras apenas aumentaban su consumo de energía– y dio nacimiento a una industria danesa de energía limpia que es una de las más competitivas del mundo actual. Hoy en día, Dinamarca obtiene casi 20 por ciento de su electricidad del viento. ¿Estados Unidos? Cerca de uno por ciento.
¿Y, padecieron los daneses porque su gobierno dio forma al mercado con impuestos a los energéticos para estimular las innovaciones en energía limpia? En una palabra, dijo Connie Hedegaard, la ministra del clima y la energía de Dinamarca: “No”. Sólo los obligó a hacer más innovaciones –como la forma en la que los daneses reciclan el calor de desecho de sus plantas eléctricas a base de carbón, para usarlo en la calefacción doméstica y el agua caliente, o la forma en la que incineran la basura en estaciones centrales que proporcionan calefacción doméstica–. (Prácticamente no hay rellenos sanitarios aquí).
Hay pocas quejas aquí en cuanto a que Dinamarca tiene gasolina a 10 dólares el galón debido a los altos impuestos energéticos. Que el gobierno modele el mercado con normas energéticas elevadas e impuestos a los combustibles fósiles en realidad ha tenido “un impacto positivo en la creación de empleos”, agregó Hedegaard. “Por ejemplo, la industria eólica –no había nada en los años de 1970–. Hoy, una tercera parte de todas las turbinas eólicas terrestres en el mundo proviene de Dinamarca”. En los últimos 10 años, se han triplicado las exportaciones de productos eficientes en energía del país. Las exportaciones de tecnología energética se incrementaron ocho por ciento en 2007, a más de los 10.5 mil millones de dólares en 2006, en comparación con un incremento de dos por ciento en 2007 de las exportaciones danesas en su conjunto.
“Es una de nuestras áreas de exportación de crecimiento más rápido”, dijo Hedegaard. Es una razón por la que el desempleo en Dinamarca es de 1.6 por ciento. En 1973, dijo Hedegaard, “obteníamos 99 por ciento de nuestra energía del Medio Oriente. Hoy, es cero”.
Francamente, cuando se compara cómo ha respondido Estados Unidos al impacto petrolero de 1973 con cómo lo ha hecho Dinamarca, nos vemos patéticos.
“He observado que en todos los demás países, incluido Estados Unidos, la gente se está quejando por cómo los precios (de la gasolina) están subiendo”, me dijo el primer ministro danés Anders Fogh Rasmussen. “La cura es no reducir el precio, sino, por el contrario, aumentarlo aún más para acabar con nuestra adicción a él. Vamos a introducir una nueva reforma fiscal orientada a una imposición tributaria aún mayor a la energía, y los ingresos generados con eso se usarán para recortar impuestos al ingreso personal, de tal forma que mejoraremos los incentivos para trabajar y mejorar incentivos para ahorrar electricidad y desarrollar energía renovable”.
Debido a que fueron los impuestos inteligentes y los incentivos lo que impulsó a las compañías de electricidad a innovar, Ditlev Engel, el presidente de Vestas –la compañía de turbinas eólicas más grande de Dinamarca y del mundo– me dijo que sencillamente no puede entender cómo el Congreso estadounidense no extendió los créditos a la producción para el desarrollo eólico en Estados Unidos.
¿Qué le puede importar a usted?
“Tenemos 35 competidores nuevos que han salido de China en los últimos 18 meses”, dijo Engel, “y ni uno solo de Estados Unidos”.
* Ganador de su tercer Premio Pulitzer a comentarios editoriales en 2002 por sus columnas en ‘The New York Times’. c.2008 - The New York Times News Service.
