Después de rezar el Santo Rosario con el presidente y su señora misiá Barbi Lucía, el vice José Manuel “Cyrano” Restrepo y la ministra Vivian, el Tigre nos llamó aparte.
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Tías, no joda, les tengo una mala noticia: no aguanto la presión de mis bodegas que me piden que las desnombre.
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¿Cómo así? –le dijimos sin entender ni mu. Que las tengo que echar del puesto de Altas Comisionadas para Camándulas y Reclinatorios –aclaró el Tigre fríamente.
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Pero Tigre, no llevamos ni una semana en el cargo –dijo Tola con voz desamparada–. Y me parece que lo hemos hecho bien: la misma primera dama nos ha felicitao porque rezamos muy galleta el rosario, sin trocar los misterios.
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Sí Tigre –intervine yo–, el vice José Manuel reconoce que en los rosarios de nosotras no bosteza ni se penquea.
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Créanme que lo siento, tías –dijo el Tigre con esa bacanería de utilería que se manda–. A veces toca tomar decisiones dolorosas. Sorry.
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No nos podés despachar así, Tigre –dijo Tola con los ojos en lluvia–. Nosotras somos las más fieles de la manada y te ayudamos cantidades en tu triunfo: nos infiltramos en la campaña de Paloma pa desprestigiala, publicamos féis nius de Oviedo en pelota, nos burlamos de Uribe…
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Muy cierto –apoyé yo–, fieles hasta la empuñadura… Tan es así que hemos rechazao oportunidades la berriondera por estar a tu lado, Tigre… Vea por ejemplo: Petro nos ofreció dos vice ministerios en la sombra, los que escogiéramos, y le dijimos: No señor, nosotras estamos firmes con el Tigre.
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Okey –dijo el Tigre, que habla muy bien el inglés–, voy a ser sincero con ustedes, tías: la vaina es que mis asesores sospechan que ustedes dos son lesbianas.
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Tola y yo nos miramos aterradas y quedamos en chok… Tola reacionó primero, se apartó de mí como un resorte y dijo: ¿yo moza de esta esperpenta? ¡Gas! Primero muerta que bombardiada.
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¿Estás insinuando Tigre que Tola y yo nos gustamos? –dije yo echando chispas–. Respete mijito que Tola y yo tenemos muy buen gusto.
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Mis asesores tienen dudas razonables, tías –dijo el Tigre acariciando su barba recién podada–, porque ustedes dicen estar casadas con Ananías y Perucho pero nunca los han mostrado. Y dicen tener la una 13 hijos y la otra nueve y tampoco les conocemos los hijos, ni los nietos.
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Pues porque no les gusta figurar, Tigre por Dios… no les gusta la pantalla… y bueno, la verdá es que nuestros maridos no son de mostrar… ni los hijos, que ninguno sirve ni pa taco de escopeta… y los nietos el más juicioso es de la Primera Línea.
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Bueno tías, sea cierta o no su orientación de género, lo cierto es que yo tengo compromisos familiares y el nuevo coordinador de rosarios es mi primo el cura –dijo el Tigre y nos dio la espalda.
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¿Pero al menos nos podemos inscribir en el Banco de Talentos? –le gritó Tola a punto de berriar–. ¡No pierdan su tiempo! –contestó el Tigre… y diciendo esto desapareció el espanto.
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Tola y yo nos quedamos rabonas y llamamos de una a Carolina Soto, la esposa de Alejandro Gaviria, una pepa de mujer, y le propusimos sacar un comunicao conjunto denunciando la misoginia, el heteropatriarcao y el falocentrismo del Tigre.
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Carolina nos dijo que nos apoyaba pero que ella no podía firmar una carta tan “beligerante” porque aspira a ser la diretora de la Cámara de Infraestrutura en la sombra.
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Salimos con el rabo entre las patas y en la puerta nos topamos con el ministro de Vivienda empacando el antisolar, el flotador y la pantaloneta.
-¿Pa dónde va, pastor?
-Parece que hubo una réplica del temblor y entonces voy para la playa.
Y subiéndose a la Toyota blindada gritó: ¡Viva Cristo Rey!