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Cuando Dios no viene, manda el angelito: el Tigre nos echó del puesto de coachs del Santo Rosario y ahí mismito se nos apareció la Virgen: Ilva Myriam Hoyos, nueva ministra de Educación.
Ilva Myriam la conocemos desde que trabajamos juntas con el procurador monseñor Ordóñez y pasábamos los fines de semana en su cabaña de La Calera.
Allá nos reuníamos con monseñor alrededor de la chimenea a rezar los mil jesuses, tomar aromática de alcanfor y mantener el fuego con libros impíos.
Con Ilva Myriam hubo química desde que la conocimos porque es de las poquitas piadosas que todavía reza el trisagio... Es pues una mujer con una formación religiosa de raca mandaca, presidenta varios años de la Liga Puritana de Soacha y es sin duda una de las mojigatas más ilustres del país.
Ilva se opone con alma, vida y sombrero a la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario, la orientación de género, las pestañas postizas y la píldora del día después.
Sobre la tal píldora, Ilva es tajante: Vea pues, estas sinvergüenzas en vez de pedir la hijuemadre píldora del día después ¿por qué mejor no se aguantan las ganas del día anterior?
Ilva nos llamó como asesoras de su despacho y nos pidió que seamos cruzadas de la batalla cultural que vamos a librar los de “la manada” contra los zurdos ateos.
En esta batalla nos espera un combate muy peliagudo, tías –nos dijo Ilva acomodándose la camándula que carga en el cuello–, y es la desmontada del agobiante lenguaje incluyente, uno de los daños inmateriales más malucos que nos dejó la izquierdamenta.
Tenés toda la razón, Ilva bendita –le dijo Tola–. Eso de “los niños y las niñas” se vuelve muy empalagoso y alarga los mensajes innecesariamente, pero también es cierto que las mujeres nos sentimos escluidas del lenguaje.
Por eso Tola y yo te tenemos una propuesta muy galleta, Ilva: dirijinos siempre a las mujeres: niñas, muchachas, chicas, misiás... o como hacemos nosotras: berrionditas o petaconas.
Y si los vergajos machos no se sienten incluidos, pues, como diría Francia Márquez: de malas... pueden llorar –dijo Ilva, aprobativa.
A propósito de Francia –intervino Tola–, ¿vieron que las bellezas del Parto Histórico no la tuvieron en cuenta pal gabinete en la sombra?
Es que la pobre negra no aguantaba más sombra –acotó Ilva con picardía–. Pero sigamos, tías... Si un niño no se siente incluido cuando la mamá grite: ¡Niñas, a cenar!, él se la pierde. ¡Chupe por bobo!
Oites Ilva, ¿y qué tal si desde la escuela les enseñamos a los cagones a preparar una aguapanela, a barrer y trapiar y sacudir... a lavar el escusao?
Completamente de acuerdo con sumercé, tía –dijo Ilva mientras se sobaba el tatuaje de la Virgen de Fátima que tiene entre el seno–. La batalla cultural contra el machismo debe comenzar desde tender la cama.
Y cómo les parece tías esta propuesta que tengo pal bachillerato: que vuelva el centro literario... ¿se acuerdan de esa clase que era la última del viernes? (Tola y yo nos hicimos las desentendidas porque no terminamos ni la primaria).
Era una machera esa materia: los estudiantes hacían catarsis cantando, representando sociodramas, haciendo fonomímica con Chella l-lá, recitando poemas... yo le incluiría la quemada de un libro –dijo Ilva emocionada.
No, mi querida Ilva –protesté yo–, ningún libro merece ser quemao... ni siquiera los de Guálter Riso.
Pero sí sería muy bueno que la jornada escolar vuelva a comenzar con la rezada del Padrenuestro y el grito ¡Viva Cristo Rey!, ¿no les parece, tías? –dijo Ilva mientras se tomaba una pastilla de alcanfor.
Grafitis: Selfie con muertos.
Ñapa: Petro le pidió la renuncia protocolaria a su gabinete en la sombra.
Ñapita: ¿Ya la Cámara Colombiana de Infraestructura le mandó la terna al Tigre?
