27 Jun 2021 - 5:30 a. m.

Tola y Maruja aceptan ser estrategas de la campaña de María Fernanda Cabal

Tola y Maruja

Tola y Maruja

Columnista

Hoy vino a desayunar la senadora uribista María Fernanda Cabal y le teníamos lo que le facina: criadillas de cebú, caldo de raíz y jugo de berraquillo.

Mafe llegó horquetiada en su caballo cojón, con dos bafles en las ancas sonando corridos a todo taco, y sin bajase de la bestia se sirvió un aguardiente doble y le dio una vuelta a la sala sin derramar una gota.

Se apeó, se quitó los zamarros y las espuelas y de la pretina del bluyín sacó su revólver 38 niquelao cachinácar, con salvoconduto eso sí, y lo puso en el comedor.

Después de semejante desayuno, que lo deja a uno como un toro, Mafe nos la soltó: Tías, me lancé de candidata presidencial y quiero que ustedes dos sean mis jefas de debate.

Le agradecimos de corazón el honor de ser sus estrategas de campaña y empezamos de una: Mafe —le dijo la politóloga Tola—, lo primero es legalizar la compra de votos.

No tía, ni riesgos —dijo Mafe sirviéndose otro aguardiente de la garrafa—, yo no comulgo con eso. Ay mijita —le restregó Tola—, sea realista: sumercé no tiene votos de opinión.

¿Que no? —reviró Mafe—, ay tiíta, por mí votan gratis todos los semovientes: las ovejas del Centro Democrático, las vacas sagradas de Fedegán... hasta las mulas.

La compra de votos se va poner de moda en el 22 —metí la cucharada— porque todos los ciudadanos estamos achilaos, más pobres que Lázaro y nos van a caer de perlas esos centavitos.

Entonces sumercé, que mangonea el Congreso como le da la berrionda gana —dijo Tola sirviéndole el otro—, presente un proyeto de ley que reglamente la compra de votos.

No tías, les agradezco mucho esa ideota, pero yo no soy capaz de comprar votos —dijo Mafe mientras pedía un domicilio de media—. Yo soy gente bien.

Es que no los tenés que comprar vos personalmente, Mafe —aclaró Tola—, sino que buscamos líderes que nos cobren equis o ye plata y que ellos los compren bajo su responsabilidá.

La compra de votos en sí no es mala, Mafe —rematé yo—, toca es regulala pa que no salga tumbao el pobre votante. Entonces hay que definir el precio mínimo del voto, que debe ser el equivalente a lo que cuesta un bulto de cemento.

Eso: paguemos lo justo, Mafe —se emocionó Tola—, que no digan que nuestra campaña abusa de la necesidá de la gente y les paga cualesquier miserableza por el voto. Empatía se llama eso: empatía.

Pero ojo, tías —dijo Mafe sirviéndonos par guarilaquis señoriteros—, no nos podemos gastar todo el billuyo en la primera vuelta: tenemos que tasar la plata pa la segunda y dejar una parte por si toca repetir las votaciones, como en Perú.

Lo importante es que la compra de votos se haga dentro de la legalidá —siguió Mafe muy animada—, con ausilio de transporte y que el vendedor cotice salú y pensiones. Y si compramos el voto de un muerto, negociar con la viuda.

Bueno, definida la logística, ahora sí vamos con el programa de gobierno, Mafe ¿cuáles propuestas tenés? ¿Te gustaría que propongamos la pena de muerte a corrutos?

¡Uy tía... me parece súper! —brincó Mafe como una potranca y nos sirvió otros dos anisaos—, pero que la encargada de dictar sentencia sea la procuradora.

Y hacemos ochas —siguió Mafe como poseída—, porque el contrato de las ejecuciones se lo podemos dar a los mataderos de Fedegán, y mi marido puede ser el intermediario por un módico porcentaje.

Grafitis: Cómo será de peligroso este gobierno que Mancuso tiene miedo (Gorila).

Ñapa: María Fernanda Cabal sueña con ser presidenta de Colombia. ¡Sueñe!

Payola: nos gustó mucho la película “El olvido que seremos”.

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