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4 Dec 2022 - 5:30 a. m.

Tola y Maruja analizan por qué Petro llega tarde

No nos consta

Ay, berrionditas, ya no sabemos qué hacer con la incumplidera del presidente Petro: ayer nos dejó plantadas con el desayuno servido y hasta el sol dioy.

Él dice que no, pero apostar que algo tienen que ver los plumones de ganso, que en estos fríos tan tunjanos de Bogotá uno mejor se hace matar que dejase descobijar.

Todos los días es una garrotera pa que se levante, se pega de la cobija como una garrapata y se arma un bochinche como de conciliación de choque simple... no le falta sino pelar machete.

Viendo este vicio tan maluco de Petro de poner la gente a esperar, consultamos con el sicólogo Simón Froi Tuberquia y nos dijo que Petro podría padecer el síndrome del “paseo perdido”.

Este trastorno -nos esplicó el dotor Froi, que es una inminencia del sicoanálisis-, le dio en su juventú, cuando Petro y su patota estaban citados en la plaza de Zipaquirá pa ir de paseo, y el ojibrotao no aparecía.

Entonces sus camaradas le aplicaban “el cuarto de hora”, o séase que lo esperaban 15 minutos y si no llegaba arrancaban pal paseo al parque Jaime Duque y tomar yogur en Sopó.

Verse solo en el atrio de Zipaquirá y con ese frío como pa conservar órganos donados, ponía a creer al joven Petro que él era el primero en llegar y se aplastaba a leer El Capital.

El dotor Froi nos dijo que tal vez eso esplica que Petro no llegue a tiempo: “Él supone, en su mamertería ancestral, que todos los que lo esperan llevaron el libro de Marx pa leerlo mientras”.

Con estas demoras quizá lo que busca Petro es fomentar la lectura -prosigue el dotor Froi con harta sapiencia -. Por ejemplo, el ministro de Justicia Néstor Osuna se leyó En busca del tiempo perdido, de pe a pa, mientras esperaba a Petro.

Cuando puso a esperar a los militares, los oficiales aprovecharon pa chatiar, limpiar de fotos el celular y hasta les alcanzó pa hacer varios crucigramas del periódico Q’hubo.

Pero miren tías -aclara el sicólogo Froi-, ser incumplido ha salvado a Petro de varias metidas de pezuña: recordemos que llegó tarde a la toma del Palacio de Justicia.

También incumplió las citas cuando iba a poner a Rodolfo Hernández de vicepresidente y cuando iba a nombrar a la esposa de Daniel Quintero de ministra.

Otra incumplida que lo salvó fue cuando nunca llegó a una reunión con Uribe donde se iba a definir que Paloma Valencia sería la alta consejera de la paz total.

El dotor Froi dice que la manía de Petro de llegar tarde obedece a una personalidá narcisista, que busca que todos estén pendientes de su aparición.

¿Y cómo le quitamos ese maldingo vicio, dotor Froi? Muy sencillo, tías: en todos los eventos donde anuncien su “querida presencia”, aplicarle el cuarto de hora que le chantaban los amigos de Zipaquirá. Santo remedio.

Empezar la ceremonia sin él, y si de pronto aparece cuando se esté acabando todo, que la presentadora le diga: ¡Upa, Gustavo, se ve que te vinites en el metro de Bogotá!

La persona incumplida es sumamente egoísta -concluye Simón Froi- pues parte de la base de que “la vida es un ratico” y que ese ratico lo podemos gastar esperándolo a él.

La reina María Antonieta fue una incumplida famosa, que dejó esperando varias veces a sus verdugos en el cadalso, hasta que el pueblo mamao de esperar gritó: ¡que le corten la cocorota!

Ñapa: “De desigualdad nadie se ha muerto”, dijo un parlamentario uribista, frase candidata al concurso nacional Bollo Perfumado.

Payola: ¡No a la pólvora!

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