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2 May 2021 - 3:00 a. m.

Tola y Maruja asisten a una charla de Uribe sobre pedagogía infantil

Tola y Maruja

Tola y Maruja

Columnista

Berrionditos, no pudimos salir a marchar en el paro porque el presidente Duque nos programó de aposta pa ese día una jornada de capacitación con el pedagogo Álvaro Uribe.

Pa los que no lo distinguen, el profesor Uribe es un distinguido educador paisa que recorre los colegios con su charla titulada “Necesidad del castigo físico en los niños”.

El profe Uribe tiene mucha esperiencia en pedagogía infantil pues aparte de ser progenitor de dos retoños, es el padre putativo del presidente Ivancito Duque.

Este reconocido formador de juventudes se hizo famoso porque su hijo Tomás le contó a la revista Bocas que una vez su hermanito Jerónimo vomitó en un jugo de fresas y banano y que el docente Uribe lo obligó a bogalo.

Esta anédota le dio la vuelta al mundo y un diretor de cine cubano le compró a Tomasito los derechos pa la firmación de la película “Fresa y chocolate con banano”.

La conferencia de este prestigioso profesor es muy didática: a la entrada del salón nos revisó las uñas, y al que le veía mugre le decía: Eh, no fregués, están como pa sembrar yucas.

Cuando ya todos estábamos sentaos en los pupitres, el profe Uribe se quitó la correa de cuero, que tenía una hebillota metálica con el escudo del Centro Demócratico, y la guindó del tablero.

Hijitos –dijo el catedrático Uribe dando inicio a la clase después de correr lista–, el mundo está como está por falta de pegale a los cagones: ¡el castigo físico hace falta!

Mi taita –siguió el profe Uribe, dándole un coscorrón a Tola que se distrajo– me crió a punta de rejo y me propinó unas muendas que me dejaban de cama.

Cómo sería mi apá de bravo que cuando yo nací le dijo al ostetra que no me diera la tradicional palmadita pa llorar sino que de una buena vez me voltiara el mascadero.

Mi cucho era tan templao y pegaba tan duro –prosiguió el maestro Uribe con nostalgia– que yo aprendí a controlar esfínter al mes de nacido y jamás vomité el tetero. Y él mismo me sacaba los gases con unas palmadas tan duras que me quebró costillas.

Yo le tenía tanto pánico a mi viejo que cuando Santiago mi hermano hacía un daño yo me emperraba a llorar, porque sabía que si mi apá le pegaba a Santi nos cascaba a todos, “pa no perder el impulso”.

Como ven, hijitas, la educación de ahora tiempos era mucho mejor porque se impartía con el antiguo método audio-visual: mientras te echaban cantaleta te mostraban el látigo.

Pero apareció Simon Froy y se poposió en todo. Froy era un sicólogo, más mamerto que hastái, que resultó con la bendita teoría de que si a los niños se les castiga quizque se tramatizan.

Y con ese cuentico del berraco trauma los culicagaos hacen y deshacen. Y a los más empalagosos los llaman quizque “hiperativos”. ¡Hiperativos serán mis chácaras!, lo que son es hipercansones, hiperllenadores, hipermamones... hiper... y permítanme sigo.

Mírenme, hijitas: yo de chiquito chupé fuete a la lata... ¿Y a ver? ¿Estoy tramatizao? –preguntó Uribe mientras le bailaban los ojitos zarcos–. Qué va, soy un tipo aplomao y sereno, que insulto a los magistraos sin rabia.

Profe –levantó la mano Tola–, ¿y qué hace uno si el vergajo muchacho se niega a beber su vómito? En ese caso, hijita, toca usar la fuerza bruta... pero ojo: el niño debe tener EPS.

¿Y si el caguetas sigue ranchao en que no se toma el maldingo vómito? –metí la cucharada–. Ahí ya toca es pedir la presencia del Ejército –finalizó el profesor Uribe–.

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