Berrionditas, Tola y yo no nos perdemos velorio ni entierro ni novena de difuntos, manque no conozcamos al que estiró la pata. Nos gusta ir pa noveleriar y gorriar tinto.
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Claro que nada como los velorios de antes, que eran en la casa del finao y repartían consomé y alguno pelaba una botella de anís y se contaban cuentos pa pasar la vigilia.
Precisamente en un entierro fue que conocimos al expresidente César Gaviria: en el tristísimo sepelio del seguro presidente Luis Carlos Galán, alma bendita.
El adolecente Juan Manuel Galán, hijo del líder sacrificao, ciego en lágrimas le entregó las banderas de su papá a Cesarín y todos lo votamos por gratitú con la figura del mártir.
Cesarín armó gobierno con pelaítos imberbes, gomelos que nos metieron en el neoliberalismo que ahora nos tiene importando papa. El “kinder” le decían a ese gabinete de guardería.
A Cesarín se le agradece que apoyó la Costitución del 91 y que no dejó que el gobierno de la “seguridá democrática” acabara con el Partido Liberal. Ah, y llevó a Colombia al mundial USA 94.
A propósito de mundiales, Colombia no clasificó en los gobiernos godos de Pastrana, Uribe y Duque. Son datos y hay que dalos.
Cesarín también apoyó el acuerdo de paz de Santos, pero la poposió dejando al pobre Humberto de la Calle colgao de la brocha y se mangualó con el de las trizas.
Desde ese entierro Cesarín nos cogió estima y nos invita cada ratico a su casa-galería pa que le sacudamos las esculturas, tomemos el algo y comamos prójimo.
Tola y yo nos patiamos su tinto con Petro, que no duró nada porque Gustavo salió como volador sin palo cuando Cesarín le pidió los ministerios de Hacienda y Defensa.
Eh, no fregués Cesario -le dijo Petro-, ¿qué más te pide el cuerpo, ole? No querés sino las armas y la plata. ¿Y te encimo la embajada en Guásinton y te requinto con la gerencia de Ecopetrol? ¡Eh, chupe y me deja!
Piénselo, Petro -le dijo Gaviria con esa voz chillona de soprano destemplada-. Yo tomo tinto con Federico Gutiérrez y le saco esos dos ministerios, la cancillería y medio Ubérrimo.
Doctor Gaviria -le dijo Petro mientras se limpiaba la punta de los Farragamo con saliva-, yo vine fue a que hagamos un acuerdo sobre lo fundamental. Pues por eso, Gustavo -dijo Cesarín-: lo fundamental son los puestos.
Cuando Petro salió dececionao Tola le dijo a Gaviria: Cesarín, nos parece una perdedera de tiempo que negociés con cada uno por separao... ¿No te sonaría hacer una subasta?
A Cesarín le encantó la idea y cuadramos la subasta en la que pujarían Federico, Roy (vicario de Petro), don Rodolfo, Íngris, el pastor John Milton, Enrique Gómez y Luis Pérez.
El más tacaño fue don Rodolfo que le ofreció convertir la Casa de Nari en museo y nombrar diretora a María Paz. Otro amarrao fue Enrique Gómez, que le ofreció una beca pa Simón en la Sergio Arboleda, “pa que aprenda cómo funciona la sociedá”.
Luis Pérez le prometió el 15 % de todo y que le encimaba la bandera nacional con una mata de mariguana bordada, y el pastor John Milton le ofreció el Cielo.
En esas sentimos el ruido del jardinero con la podadora y entonces Íngris se asomó por la ventana y nos preguntó de quién era esa maquinaria y le dijimos que del dotor Gaviria y entonces cogió su cartera y salió furiosa.
Cesarín preguntó ¿quién da más? y Federico alzó la mano y esclamó: ¡Lo que quiera, papito! Entonces sonó el martillo: ¡Vendido!
Payola: El Espectador, 135 años cuidando las ideas liberales que olvidó el Partido Godoral. ¡Larga vida, querido diario!