Hoy nos llamó el superintendente de sociedades y nos dijo: “Tías, salgan a la esquina y busquen en la caneca de la basura una grabadora y le dan pley”. Y colgó.
Tola y yo obedecimos muy intrigadas porque grabadoras práticamente ya no se ven. Fuimos a esculcar el bendito tarro y topamos una y la prendimos y nos habló:
“Señoras, su misión es representar al gobierno en la elección del nuevo capo del Clan del Golfo. Lo que les pase, de malas cuchas. Esta grabación se autodestruirá en cinco segundos”. Y ahí mismito la cinta del casete echó humo y se derritió.
Llegamos al Urabá y nos estaba esperando una cuatro por cuatro que se enflechó por platanales, selva tupida y cultivos de coca hasta llegar a una ramada donde nos esperaba la plana mayor del Clan: alias Siopas, Gonzalito y Chiquito Malo. ¡Casi nada!
Nos dieron tinto y nos contaron que estaban muy amañaos en la organización criminal porque cada que cogían o mataban un cabecilla ellos acendían. Tola leyó el orden del día de la junta:
1. Himno del Clan del Golfo.
2. Verificación del quórum.
3. Lectura del acta anterior.
4. Informe de gestión.
5. Elección de dignatarios.
6. Proposiciones y varios.
El informe de gestión fue muy tensionante porque se acusaron entre ellos mismos de pérdida de mercancía, uno quizque olvidó las cordenadas de una caleta enterrada y otro pidió que le esplicaran un renglón en los gastos donde decía: “ocho beibis”.
El ambiente se acabó de vinagrar en el punto de la eleción del nuevo capo, pues Gonzalito acusó a Chiquito Malo de engordar su hoja de vida con delitos que nunca cometió.
Tola zanjó la pelotera diciéndoles que todos reunían los merecimientos pa ocupar el puesto, manque Otoniel dejó la vara muy alta, y procedimos a la votación secreta con papelitos entre un sombrero.
Chiquito Malo se dispuso a contar los votos, pero Siopas lo detuvo: Alto ahí, el que escruta elige... Chiquito se puso rojo de la rabia y dijo: El que no sienta garantías que no participe.
Yo hice el conteo, que arrojó un triple empate. Entonces repetimos la votación y esta vez hubo un voto por Siopas, uno por Chiquito Malo y uno en blanco. Los dos miraron rayao a Gonzalito, y Chiquito Malo le dijo: “vaye a divisar ballenas, jiquerón”.
Volvieron a votar y el resultao fue: Siopas un voto, Chiquito Malo un voto y una astención. Les propusimos un receso pa que armaran coaliciones y salimos en busca de un rastrojo pa descargar la vejiga.
Oites Maruja -me dijo Tola cogiendo una hoja de pringamosa pa secase-, las paradojas de la democracia: a nosotras siempre nos toca votar por el menos malo y a estos les conviene es votar por el más malo.
Cuando volvimos, Siopas estaba furioso porque Chiquito Malo le compró el voto a Gonzalito, y además denunció que en la campaña de su rival había “dineros calientes”. ¡Pero al menos no son de Odebrecht! -dijo Chiquito y sacó el revólver-.
Tratamos de calmalos y les propusimos que hicieran lo mismo de Daniel Ortega en Nicaragua: uno presidente y el otro copresidente. Pero ya Chiquito Malo le estaba quitando el seguro al “trueno”.
Tola y yo nos tiramos al piso y vimos aterradas cuando Chiquito Malo ¡taque, taque, taque! le descargó el provedor a Siopas, que nos cayó encima.
Nos paramos temblando en busca del chofer, pero Chiquito Malo nos apuntó con el “maso” y nos dijo: Tías, sigamos con la fiesta democrática... Votemos en paz.
¡No señorito -dijo Tola con una determinación que me asustó-, no puede haber votación porque sumercé desbarató el quórum!
Ñapa: Si los Gilinsky compran a chocolatinas Jet, ¿en los caramelos saldría Uribe?