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Petro nos llamó y nos dijo: tías, necesito que me acompañen al Vaticano y me preparen pa que el papa Francisco no me corche en asuntos del catecismo.
Claro que sí, Tavo -le dijimos-, pero toca firmar un contrato y meter “la cláusula Petro”, donde diga que en caso de vos ganar la presidencia nos dan asilo en Venezuela.
Gustavo nos confesó que le faltaban dos sacramentos por cumplir: la confirmación y la primera comunión. Entonces cuadramos su primera eucaristía.
Sufrí harto, tías -nos dijo Tavo después de comulgar por primera vez-, la berrionda hostia se me pegó del paladar y me tocó voliale lengua a lo desgualetao... casi le meto uña.
Enseguida repasamos con Petro los siete pecaos capitales pa saber en cuáles ha caído. Lujuria: apetito desordenao de los placeres eróticos. Nos dijo que como es casao hace “aquello” cada que se muere un obispo, y sin lujuria.
Soberbia: amor desmedido por uno mismo. Reconoció que sí, que está tragao de él mismo y que él es el amor de su vida, y que no hay tusa más pura que el amor de uno por uno mismo.
Avaricia: deseo desordenao de los bienes materiales sin compartir con el prójimo. Sí tías, soy avaro y quiero más y más apoyos (así sean non sanctos) pa ganar en primera.
Ira: deseo pasional de venganza. Dijo que sí, que cuando sea presidente pondrá un fiscal que coja de las jíqueras a José Félis Lafurí y toda esa tracamanada de “gente bien”.
Gula: deseo desordenao de los alimentos. Reconoció que cae seguido en este pecao, y pior ante una mojarra frita con patacones y suero costeño y jugo de níspero, pero que enseguida hace penitencia con una changua.
Envidia: rabia o tristeza por los ésitos ajenos. Almitió que le da envidiecita de ver a don Rodolfo en el tercer puesto de las preferencias, con el cuentecito de que los ricos no roban.
Pereza: Sí tías, este pecao me persigue porque me da una pereza la berraca ir a debates con Zurriaga, Fico, Fajardo...
Cuando llegamos a Roma lo primero que hizo Petro fue mandar a remontar los zapatos Ferrogamo porque ya los tenía todos descachalandraos de tanto patoniar por tarimas.
Enseguida fuimos a que le tatuaran la santísima Trinidá en el pecho y le chilinguiamos un escapulario carmelita y una camándula de lágrimas de san Pedro. Le queríamos hacer tonsura, pero la cocorota de Gustavo no se presta por pelada.
Su Santidá nos atendió muy querido y Petro le entregó los regalos: una riñonera en croché pa que el sumo pontífice cargue las medallitas, estampitas, el incienso y demás perendengues, y un forrito plástico pal carné de vacunación.
Al santo Padre le llamó la atención la hamaca porque no la conocía y Petro le esplicó que era pa la siesta (cura que no haga siesta no es cura) y que era muy prática pa barrer por debajo.
Los otros regalos de Petro pal papa fueron: una camiseta de la seleción Colombia pa que se la ponga pa lavar el papamóvil, una cachucha de “Vaticana Humana” y el libro Sin tetas no hay paraíso.
Mientras probaba el chirrinchi que le llevamos, el papa Francisco le preguntó a Petro si creía en Dios y Tavo le contestó: Por supositorio que sí, su reverencia, pero Dios me parece un tris marrullero pues le da alientos a Uribe pa seguir jodiendo.
El papa le preguntó a Gustavo que si iba a misa y Petro le dijo: Me encantaba cuando era en latín y con el cura de espaldas, pero lamentablemente en Colombia ya no se puede dar la espalda.
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