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Hoy le dimos un desayuno requintao al presidente Petro pa felicitalo por su discurso en la ONU. Sos un poetazo, Tavo –le dijo Tola ciñéndole una corona de laurel.
¡Y de los buenos! –apoyé–. Ese verso final que te fajates: “Expandir el virus de la vida por las estrellas del universo” ya se lo quisiera Desiderata.
¿Cómo se te ocurrió semejante versote, Tavo? –dijo Tola emocionada–. Muy simple, tía: me vi yo vestido como El Principito volando por el éter y regando el virus del amor.
Tola y yo estuvimos pensando y concluimos que como no vas a poder reformar nada ni cumplir tus promesas, entonces lo mejor sería que pasés a la postreridá como poeta.
Colombia ha tenido varios presidentes poetas –dijo la historiadora Tola–, como Rafael Núñez, autor de la letra del himno nacional, con esa estrofa inmarcesible: la Virgen sus cabellos arranca en agonía y al verlos con horquilla los cuelga del ciprés.
Otro mandatario poeta fue Miguel Antonio Caro, de nombre completo Miguel Antonio José Zoilo Andrés Avelino de las Mercedes. En ese tiempo las mamás se cuidaban de que sus hijos fueran confundidos con un homónimo.
En la casa le decían Miguel Etcétera y siempre se vanaglorió de no haber salido nunca jamás de la sabana de Bogotá. Hoy en día tampoco le provocaría salir, y menos por Soacha.
Caro es el padre de estos versos: “¡Patria! Te adoro en mi silencio mudo y temo profanar tu nombre santo, por ti he gozado y padecido tanto, como lengua mortal decir no pudo”. Gozaba con la patria este berriondo… Hay que estar muy rayao.
A Caro lo siguió en la presidencia don José Manuel Marroquín, un viejito chuchumeco y renegón, autor del poema La Perrilla, que dice: no era una perra sarnosa, era una sarna perrosa…
Marroquín, que le tocó la guerra de Los Mil Días y se dejó quitar Panamá, era considerao el pior presidente de Colombia, título que le arrebató Andrés Pastrana, quien a su vez fue desbancao por Duque.
Oítes Tola, ¿y esa guerra por qué duro mil días precisitos? Ve Maruja, los liberales y los conservadores se habían puesto de acuerdo pa que durara 999 días, pero se pusieron a pensar: qué bobada, redondiemos.
Después vino el presidente antioqueño Marco Fidel Suárez, autor de los Sueños de Luciano Pulgar, que gustaron mucho porque su lectura producía deliciosos micro sueños.
Otro poeta antioqueño que subió a la presidencia fue Belisario Betancur, y escribió estos versos cuando fue ministro de Trabajo: A las diez de la mañana llega el hijo de tuta sin saludar, diciendo “trabaje, amigo, que este negocio es para entregar”.
Luego vino el bardo paisa Álvaro Uribe, que pergeñó: Puedo escribir los versos más tristes esta noche, pero tengo que madruga r a pedir resultados.
Todos los presidentes poetas han sido godos, y todos malos poetas y malos presidentes. Y eso que nos salvamos de Guillermo Valencia, el bisagüelo de Paloma, el de “dos lánguidos camellos de elásticas cervices” (cuentan que lo escribió en la hacienda Nápoles).
Los que saben de poesía aseguran que el vate Petro pertenece a la escuela piedracielista, quizque porque con su virus regao por el cielo le saca la piedra a la oposición.
Ole Tavo, nos pareció maluco que a tu discurso en la ONU le pusieran aplausos ajenos. Ustedes no digan nada, tías, que en sus presentaciones ponen risas grabadas.
Grafitis: alcalde Daniel Quintero, cálmese, acójase a la paz total.
Ñapa: el uribismo debe estar alistando la vacuna contra el virus de la vida.
Ñapita: la oposición está buscando un poeta entre sus filas pa la réplica a Petro. Y piden que presidencia les preste los aplausos.
