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Tola y Maruja confrontan al expresidente Uribe por los falsos positivos en su gobierno

Tola y Maruja

20 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.

Muy temprano nos dispertó el presidente Duque todo bejuco: Tías, ¿quién de ustedes me cogió dos vacunas que yo tenía guardadas en el congelador de la nevera?

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¿Vacunas? No fregués Iván, ¿y pa quién las tenías separadas? —pregunté. Mi apá Uribe me ordenó que le consiguiera una pa él y otra pa misiá Lina, y no demora en venir por ellas.

A mí que me esculquen, Ivancho —dije y miré a Tola, que me esquivó la mirada y gaguió entre dientes: Yo... yo no cogí nada... y difícil pillar quién se las robó porque aquí dentra mucho congresista.

¡Dios mío, si no encuentro esas vacunas mi apá me mata y come del muerto! Tías, upa, ayúdenme a buscar. ¿Y cómo son? —pregunté. Son dos frasquitos de tapa morada y en la etiqueta dice: Manténgase fuera del alcance de los pobres.

¿Y en qué parte del congelador las pusites, Iván? —dije mientras me ponía las gafas pa ver mejor. Las escondí al fondo, tía, entre una pechuga y el tarro del helado. Eh, quién sería el ladrón.

En esas se oyeron unas herraduras en el tapete de la sala y era Uribe que llegó a caballo. Duquito se puso lívido y nos dijo: Tías, porfa me lo entretienen mientras yo busco las vacunas —y salió de güida.

Buenos días, hijitas —saludó Álvaro mientras nos mostraba ufano el pocillo de tinto sin derramar una gota—. ¿Dónde está Iván? —dijo mirando pa dentro. ¿Como pa qué sería? —pregunté, por ganar tiempo.

Es que me tiene un encargo —dijo Álvaro. ¿Qué clase de encargo? —preguntó Tola y me mató el ojo. Un encargo... un encarguito que le encargué —dijo Álvaro sirviéndole salvao con melaza al cojón.

Ole Alvarín, ¿vites que tus falsos positivos resultaron ser más de seis mil? —dijo Tola voltiando la hoja. ¿“Tus”? —reviró Álvaro frunciendo el ceño—. Yo nunca di la orden de matar.

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Perdoná Alvaricoque, pero entre dar la orden y dar un premio no es mucha la distancia —dijo Tola calentando el ambiente—. Álvaro se puso rojo como un pisco y le gritó: ¡Adentro, madre de Soacha!

Álvaro, ¿en serio no te remuerde la conciencia dale a un recluta tres días de permiso pa visitar a la mamá como premio por matar a un muchacho inocente, hijo de otra mamá? —dije yo recalentando el ambiente.

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Justo llegó Ivancho mostrando dos frasquitos: Miren tías, los encontré pero vacíos. Si ve pues apá —le dijo a Uribe—, lo banquiaron de vacuna.

¡Pues esto no se queda así! —se emberracó Álvaro—. Iván, ¿de quién sospecha, mijo? Ivancito nos miró y agachó la mirada. Entonces Álvaro dijo que en la casa solamente había dos personas con cormobilidades: Tola y Maruja.

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¡Confiesen! —retumbó Álvaro quitándose las espuelas—. O me dicen ya mismo quién se gastó mis vacunas o acabo hasta con el nido de la perra... Digan la verdá, ¿fueron ustedes, par de urracas?

Tola se puso a llorar, pero yo me le enfrenté: Álvaro, respete, y además ¿usté de cuándo acá tiene vacunas si todavía no le toca el turno, ah?

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Un momentico, tía —intervino Ivanchito—, si alguno merece la vacuna es el presidente eterno... Ah, ¿sí? —brinqué—, ¿y pa qué la necesita si es tan “eterno”?

Fui yo —dijo Tola careacontecida, me las inyeté en los cachetes porque la etiqueta viene en inglés y yo creí que era el Botos que había dejao olvidao Alicia.

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Grafitis: Uribe tiene la conciencia afónica.

Ñapa: La enfermera a la que se le puso la primera vacuna la obtuvo a cambio de no reclamar los sueldos que le deben.

Ñapita: No hagan política con la vacuna, dijo el politiquero.

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