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Berrionditos, les vamos a contar una embarrada que Tola y yo hicimos aunque sabemos que estuvo mal hecho, pero la intención era buena.
Hoy al desayuno le servimos al presidente Duque un bongao de mondongo con un montonón de cilantro y dormidera, y se penquió como un angelito, y nosotras aprovechamos y lo amarramos a la silla y le tapamos la boca con cinta.
En esas sonó el timbre y era el padre Chucho, que lo habíamos contratao pa que le hiciera un esorcismo a Iván, porque se nos metió que alguien que le quiere clavar más IVA a la canasta familiar en plena pandemia tiene que estar poseído por el Patas.
El padre Chucho llegó con un morral como los de Rappi, donde carga la herramienta pal esorcismo: un crucifijo metálico (cortopunzante por si las moscas), la Biblia, agua bendita Postobón, una mica donde aparar el vomito verde y el incienso pa disimular el olor del azufre.
Siquiera llegó, padrecito —dijo Tola sirviéndole tinto—, estamos muy pensionadas porque Ivancito está muy cambiao, haciendo todo lo contrario de lo que prometió en campaña.
Ivancho estaba profundo y empezó a roncar. El padre Chucho se puso la estola morada, le hizo la señal de la cruz en la frente, le tiró agua bendita y empezó a rezar la letanía de los santos.
Los ronquidos subieron de volumen y sonaban hasta graciosos, como de chancho en siesta, y Tola y yo soltamos la carcajada. ¡Chito! —nos regañó el padre Chucho—, dejen oír, que los ronquidos son eructos del Enemigo Malo.
¡Sal, demonio neoliberal! —gritó el padre Chucho—, suelta el cuerpo de este pobre guitarrista —y le roció más agua bendita, pero se le zafó el hisopo y descalabró a Ivancito, que se dispertó del susto.
¡Te ordeno, espíritu oligárquico, que salgas del cuerpazo de este niño inocente y no lo pongas a cometer bellacadas como gravar con IVA los artículos de primera necesidad de un pueblo apestado y hambriento!
Ivancito blanquió los ojos y disparó por la nariz un líquido espeso y jediondo, mientras su cabeza daba vueltas en círculo y una voz que no era la suya amenazó al padre Chucho: ¡Usté me vuelve a tirar agua fría y le doy en la cara, marica!
Tola y yo brincamos del susto porque la voz nos pareció conocida y empezamos a rezar el santo rosario, mientras el padre Chucho recitaba salmos y rogativas: ¡Huye maligno de este cristiano!
Cuando Lucifer se mete en un cuerpo tan mullido y tibio como el de Duque, da lidia sacarlo porque se amaña —nos dijo el padre Chucho mientras le despegaba la cinta de los labios—. Hay que destaparle la boca pa que pueda salir Satanás.
Ivancho pegó un estertor, le gritó al padre Chucho ¡castrochavista, mamerto! y vomitó un poncho y un sombrero guadeño. ¡Está saliendo! —esclamó emocionao el sacerdote.
Aterradas y pegadas de la camándula, vimos que a Ivancito se le armaron en la barriga unos tulundrones como cuando una boa costritor se traga un ternero. ¡Virgen santa!
¡Miren, ya sale! —dijo el padre Chucho cuando en la boca de Ivancito aparecieron un par de crocs. Pero viene de patas —dijo Tola paniquiada—, ajualá no toque cesárea.
El padre Chucho se arrimó pa jalar a Satán de los pieses, pero lo bañó un chorro de vómito con restos de mondongo. Y la voz volvió a tronar: ¡Vade retro, curita, de aquí no me saca ni el Putas!
Lo siento, tías —dijo el padre Chucho con desaliento—, está complicada la cosa... Nunca me había tocado un engendro tan liso: es lo que llaman un demonio eterno.
