Hoy le hicimos un desayuno trancao al presidente Petro pa celebrar que la revista Táin lo zampó en la lista de los 100 personajes más influyentes del mundo mundial.
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Colombia no tenía una figuración internacional de tal manitú desde cuando la revista Mundo Equino premió al presidente Uribe como El gran colombiano.
No falta sino que la revista Rolin Estón me escoja como una de las mejores bailarinas de champeta –dijo misiá Verónica mientras le untaba suero al patacón.
¿Y cómo van las reformas, Tavo? –preguntó Tola raspando el cucayo. Ahí van, tía –contestó Petro mordiendo una butifarra–. A veces creo que son muchas a la vez y no sé si Alex Flórez y Susanita Boreal aguanten ese voltaje.
Ole Tavo, tenemos mucho cutupeto con la reforma de la salú porque nos da pensión que retrocedamos al Seguro Social, que era un nicho de corrución el hijuemama –dijo Tola sirviendo las carimañolas.
Yo me tocó el Seguro y les cuento que era hasta charro de lo malo –metí la cucharada–. Uno tenía que llegar a la fila antes de las tres de la mañana y llevar un cuadrito de cartulina pal ficho del turno.
A mí una vez me operaron en el Seguro y me supo a cacho –dijo Tola trayendo más chicharrones–. No había anastesia y me tuvieron que privar con burundanga. Y como no tenían sangre, me pusieron zumo de remolacha.
El Seguro era lo pior de lo pior: si uno llegaba a urgencias en muy mal estado no lo remitían a la UCI sino que le daban turno pa dentro de seis meses… con el médico forense.
Por eso los colombianos tenemos tanto culillo de volver al Seguro Social. Seguramente la ministra Caro Corcho tiene muy buena voluntá, pero de buenas intenciones está empedrao el berraco infierno.
Ve Tavo, contanos por qué rumbates al ministro Alejandro Gaviria –le preguntó Tola a quemarropa. Miren tías –dijo Petro blanquiando los ojos como sapo en tomatera–, Alejandro me resultó muy sincero.
¿Por sincero? –preguntamos en coro. Claro, tías –dijo Tavo probando el mote de queso–. Alejandro nos dijo en la cara que la reforma de la salut traería más corrupción.
O sea que el ésito de la reforma a la salú depende de tu lucha contra los ladrones -dijo Tola calentando los quibes. Sí tías, por eso tengo varias propuestas pa mermar la corrupción:
La primera es que ningún familiar de un corrupto ocupe cargos públicos. La segunda es que los que visiten casas de corruptos sean declarados cómplices. La tercera es que el corrupto que obtenga casa por cárcel, sea en la casa de la suegra.
La cuarta es que así como todos los días salen en televisión los niños que buscan su hogar, también salgan las caras de los corruptos del día y sean repudiados socialmente.
Es que la lucha contra los corruptos no puede recaer solamente en el gobierno, tías. Los que mantenemos con vida a los delincuentes de cuello blanco somos sus familiares, amigos y vecinos que les alcagüetiamos.
Mientras apoyemos a los corruptos yendo a sus fiestas y recibiendo sus regalos (rimember los periodistas que aceptaron las tables de Julián Bedoya Pulgarín) no habrá fiscalía ni procuraduría ni contraloría que valga. Así de sencillo.
Pongámonos serios –dijo el presidente Petro–, yo solito no puedo luchar contra los ladrones si ustedes los aceptan socialmente y los admiran por vivos. ¡Pilas pues!
¿O sea Tavo que el ésito de la reforma a la salú depende de que los ciudadanos aborrezcamos la corrución? –preguntó Tola. Tú lo has dicho, hija mía –dijo el mesías Petro con su cocorota nimbada.
Ñapa: quizque el bolero preferido de Uribe es: Hola impunidad, no me extraña tu presencia…