Hoy después del desayuno nos pusimos a hacer el balance del viaje oficial a Estados Unidos y el presidente Duque se quejó de que Biden ni lo determinó.
No valió ninguna trampa pa que me recibiera, tías -dijo Ivancito-: me puse un overol de Rappi pa que Biden tuviera que abrirme la puerta y yo me le presentaría. Nada.
Después nos vestimos de testigos de Jehová, con mi esposa y mi mamá y mi suegra de bata larga, pero Biden se asomó por la ventana y nos dijo: Somos católicos, no insistan.
Entonces pusimos un carro con el capó subido al frente de la Casa Blanca y toqué la puerta y le dije al portero que estaba varado, que si me facilitaba un teléfono fijo pa llamar la grúa. Que no. Al menos présteme el baño, plis. Nanay cucas.
El embajador Pinzón dijo que a Biden le encantan los mamoncillos y consiguió una carreta y la llenamos de mamoncillos y pasé gritando: ¡Mamoncillooos, mamoncillos de Natagaima!
Jasancito Nasar propuso que nos disfrazáramos y cantáramos triqui triqui jalogüín y María Paula sugirió una serenata que lo hiciera salir al balcón, o que gritáramos ¡temblor!
Desesperado, me empegoté la cara de salsa barbiquiú y me tiré en el quicio de la puerta pidiendo auxilio: ¡estoy herido! Entonces Biden salió y me limpió y me preguntó dónde estaba herido. ¡Estoy muy herido porque usted no me quiere recibir, mister President!
En esas sentimos un relincho en la sala y al momentico apareció el presidente Uribe de zamarros y espuelas, visiblemente bejuco y dando zumbidos en el aire con el zurriago.
¡Si vieron pues hijitas la ideota con la que salió el ojibrotao Petro! Dizque cuando suba al poder me va comprar el Ubérrimo pa repartilo entre los patirrajaos sin tierra.
¿En serio? ¡Qué dicha! Yo me pido el pedazo de la pisina -dijo Tola y le sirvió un aguardiente a Alvaricoque-. Maruja, pedí vos el corredor pa que quedemos de vecinas. Y que tu marido Perucho pida la caballeriza y Ananías el yacuzi.
Desde que el guache Petro soltó esa perla -siguió Álvaro, mandándose el guaro-, no he podido pegar el ojo: pienso y pienso en esa tracamanada de indios sembrando coca en mi finca.
Pero Álvaro, no te la van espropiar sino que te la pagarán a según el predial, supongo yo pues -dijo Tola pasándole cascos de naranja-. Eso es lo que no me deja engordar, hijitas: el Ubérrimo en catastro aparece baratísimo... una miserableza.
Alvarín, mirale el lao bueno a que Petro te compre -metí la cucharada-, empezando porque dejás de lidiar con “mayordueños”, que se quedan con los güevos y los racimos y siempre están pidiendo plata pa “imprevistos”, y dejás de sufrir porque se enfermó un potranco o se desnucó una vaca.
Yo siendo vos le vendería de una el Ubérrimo al presidente Petro -reforzó Tola-. Eh, llega un momento en que a los berriondos hijos les da pereza ir a la finca, y a uno también, pero le toca ir porque entonces pa que la tiene si no es pa ir.
Arrecordate que hay dos momentos felices en la vida del que tiene finca: cuando la compra y cuando la logra vender.
Y otra cosa, Álvaro: agradecé que Petro no te está diciendo que le vendás o que le compra a tu viuda.
Grafitis: “Si Dostoyevsky fuera colombiano habría escrito Crimen y vencimiento de términos”.
Ñapa: ¿Ganar por vencimiento de términos es como ganar un partido por dobleú?
Ñapita: Gracias al éxito de sus estrategias estomacales, el abogado Cancino dictará el curso “Diarrea y Derecho”.
Payola: Berrionditos de la Bella Villa, vengan hoy con sus niños al Circo Medellín, ¡upa! Tel: 3002876759.