Misiá Verónica llegó a la cocina toda misteriosa y nos dijo pasitico: tías, necesito que me hagan el favor y le esconden el celular a Gustavo a ver si deja esa tuitiadera.
Tola le recibió el aparato y de una se lo metió en el lugar más seguro: entre el brasiel. Ahí queda al pelo, tía, pero quítele el volumen y lo deja en vibración.
Tocó esconderle el hijuemadre teléfono, ponerle el tatequieto pa que deje el vicio de trinar a la loca, como disparando con escopeta de regadera –dijo Verónica mirando a ver si venía.
¿Y no es mejor apagalo, misiá Vero, no vaya y me suene delante del presidente? No, tía, necesito que esté prendido y me...
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