Misiá Verónica llegó a la cocina toda misteriosa y nos dijo pasitico: tías, necesito que me hagan el favor y le esconden el celular a Gustavo a ver si deja esa tuitiadera.
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Tola le recibió el aparato y de una se lo metió en el lugar más seguro: entre el brasiel. Ahí queda al pelo, tía, pero quítele el volumen y lo deja en vibración.
Tocó esconderle el hijuemadre teléfono, ponerle el tatequieto pa que deje el vicio de trinar a la loca, como disparando con escopeta de regadera –dijo Verónica mirando a ver si venía.
¿Y no es mejor apagalo, misiá Vero, no vaya y me suene delante del presidente? No, tía, necesito que esté prendido y me cuente si lo llaman fufurufas –dijo la primera dama y se fue ligerito porque divisó al presidente.
Petro traía los ojos súper brotaos y nos dijo: no pude dormir, tías, se me embolató el berraco celular y estoy que me trino… no veo la hora de opinar sobre Mancuso.
Le deberías mermar a la trinadera, Tavo, vos ya no estás en campaña –le dijo Tola sirviéndole una tisana en leche–. No hacés sino dar lora chatiando a lo desgualetao. Madurá, ole.
Pero tías, cómo me voy a quedar sin trinar del “ventilador” Mancuso. ¿Vieron lo que dijo sobre el asesinato del alcalde Eudaldo Díaz? Dizque Uribe le quitó la escolta y se los dejó de papayita.
Cómo me quedo callado si después de la matada de Eudaldo, Uribe nombró embajador en Chile al principal sospechoso del crimen y se quedó fresco muy. ¡Ni de piedra que fuera, tías!
Tené consideración con Uribe, Tavo, mirá que Álvaro ya es un venerable anciano dedicao con alma vida y sombrero a ganate las votaciones regionales, y no dice ni mu de tus descaches.
Verdá, Gustavo –metí la cucharada–, ¿vos qué cuadrates con Uribe que anda tan sedita con tu gobierno, que ya no es ni la sombra de la fiera que fue con Santos? Parece que a Uribe no le das mermelada sino burundanga.
¿Cómo dejo pasar lo que dijo Mancuso de Pachito Santos y el Bloque Capital? –dijo Petro cambiando de tema–. Necesito que me ayuden a buscar el teléfono, tías. Me timbran, porfa, a ver dónde suena.
Tola y yo nos miramos in fragantis y tocó sacar mi cedular y marcar el número de Petro. Y le empezó a vibrar a Tola entre el brasiel y ella sin saber cómo disimular el zumbido y se puso a bailar mapalé.
En esas dentró el ministro de Defensa con un perro detetor de cedulares y el animal empezó a güeler a Tola en el busto y entonces yo lo agarré de la cola y lo aparté: ¡respetá a mi comadre, morboso!
Pero el chandoso insistía en buscar entre el seno y el ministro le ordenó a Tola que se parara contra la paré y le permitiera una requisa. Y buscó y buscó y nada.
Ministro, le falta esculcar entre el sostén –le dijo Petro–. El dotor Velásquez palideció, lo llamó aparte y alcancé a oír que le susurró: Presidente, perdone pero sinceramente me da como asquito.
El berriondo perro le volvió hilachas el brasiel a Tola y sacó el bendito cedular. Petro lo agarró de una y salió güete a trinar sobre la encartada de Zurriaga con Odebrecht.
Verónica llegó corriendo: ¿qué fue el merequetengue, tías? Ay, misiá Vero, nos toparon el cedular y Gustavo lo tiene. Esto no da espera, tías, voy a internar a mi marido en terapia.
La prósima semana: Petro ingresa a tratamiento en Tuiteros Anónimos.
Ñapa: Petro lanzó por radio la candidatura presidencial del alcalde de Medellín. ¡También necesita bozal!