20 Jun 2021 - 5:00 a. m.

Tola y Maruja le aconsejan a Uribe que vaya a la Comisión de la Verdad

Tola y Maruja

Tola y Maruja

Columnista

Hoy tempranísimo nos dispertó el ¡rin! del teléfono. Tola siguió roncando y yo me levanté envuelta en la cobija y contesté: Aló, hijita, soy yo —dijo la voz de Uribe—, necesito hablar urgente con ustedes.

Le dije que entonces arrimara a desayunar. No tía, mi Dios le pague y le dé el cielo, es un asunto muy delicao y no quiero que me vean dentrar a Palacio... las espero ya mismo en el Tostao de la esquina.

Nos dimos el baño del gato y salimos disparadas. Apenitas nos sentamos Álvaro fue al grano: Hijitas, necesito que se metan a la oficina del cura Francisco de Roux y me saquen un papel.

Pero esperate Álvaro —lo frenó Tola—, calmate ventarrón... Saludá primero, ole, y ofrecenos alguito de bogar, que tenemos la boca más seca que estopa. No sias perecido.

Hijitas, Lina mi señora me tiene seco pidiéndome que vaya a la Comisión de la Verdá y desembuche lo que sé de los falsos positivos, quizque porque no hago sino hablar dormido.

Pues me parece una idea muy chévere, Alvaricoque —le dijo Tola infriando el perico—, vos no te podés aguantar ese entripao. Contá todo pa que descansés.

Sí, hijitas, estoy resuelto a ir a esa tal Comisión de la Verdá, así sea un organismo espurio, retoño del maldito Acuerdo de Paz que la mayoría de los colombianos rechazamos en el plebiscito.

Mientras Tola buscaba “espurio” en el dicionario, le pregunté a Álvaro cuál era el papel que quería que le hurtáramos al padre De Rus. Son las preguntas del esamen, hijita, pa que no me corchen.

¿Y no te parece Alvarín que la persona indicada pa esa “vuelta” es tu abogánster Cadena? —se la tiré prendida. Ajualá Diego pudiera, hijita, pero ese petacón tiene casa por cárcel.

Vayan pues, hijitas —nos acosó Álvaro y sacó del carriel un infeliz billete de diez mil pesos y nos lo dio pal Trasmileño. No pues, nos tapamos —comentó Tola mientras nos alejábamos-. Este viejorro sí es más amarrao que marido de pitonisa.

Llegamos a la Comisión de la Verdá y nos recibió muy atento el padre Pacho de Rus, y mientras yo lo entretuve poniéndole conversa, Tola le esculcó el escritorio buscando el bendito papel.

Padrecito, veníamos Tola y yo pensando que si Uribe no quiere venir a la Comisión, ¿por qué no llaman a misiá Lina, que debe estar más enterada porque es la que lo oye hablar dormido?

¡Qué va, ese vergajo no dice la verdá ni dormido! —metió la cucharada Tola y me mató el ojo en señal de que ya tenía el cuestionario. Nos despedimos de afán y salimos.

Volvimos a la cafetería donde nos aguardaba Álvaro, pedimos Milo con leche y parva de la más cara, y nos aplastamos a leer las preguntas de la berrionda Comisión:

-Señor expresidente, ¿es cierto que a los reclutas que producían bajas de la guerrilla ustedes les daban días de licencia, hamburguesas doble carne, recargas de minutos?

-¿Qué pruebas tenía sumercé cuando dijo que los muchachos asesinados de Soacha eran delincuentes y que no estarían recogiendo café?

-¿En serio usted, que sabía cuál inodoro de cuál aeropuerto estaba taquiao, nunca supo de la política de premios de su Ejército, con el cual hablaba a diario?

No, hijita, no siga —interrumpió Álvaro con desaliento—, yo no soy capaz de responder esas preguntas... Eh, nada como las autoentrevistas que me hace Viquicita Dávila.

Fresco Álvaro —lo tranquilizó Tola—, andá a la Comisión de la Verdá, y cuando te hagan alguna pregunta maluquita vos contestás: Lo que le diga es mentira.

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