13 Jun 2021 - 5:00 a. m.

Tola y Maruja le dan un tour por Bogotá a la CIDH

Tola y Maruja

Tola y Maruja

Columnista

El presidente Duque nos citó en su solio y nos dijo: Tías, necesito que saquen a pasiar por Bogotá la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, pero ojo: no la lleven al sur.

Y como donde come el enfermo come el aliviao, ni cortas ni perezosas acetamos la misión pa aprovechar y salir del encierro tan mamón de la berrionda pandemia.

Todos los de esa CIDH son una partida de mamertos y seguramente van a gozar de lo lindo si los llevan a tomar chicha al Chorro de Quevedo y después a bailar salsa en El Goce Pagano —nos dijo el presidente.

Entonces nos dirigimos a un hostal del centro pa recoger a Antonia, presidenta de la CIDH, y sus compañeros de comisión, que estaban cabezones de oír denuncias y recibir insultos, y se merecían un solaz.

Las mujeres de pava, los hombres de sombrero, ellas de vestidos holgaos y colorinches, ellos de bermudas, y todos con su riñonera donde escondían los papeles y los viáticos.

Después de pediles que se quitaran las joyas y que mejor dejaran los cedulares en el hotel, arrancamos a caminar por la carrera Sétima. A la cuadra nos preguntaron por qué tanta gente durmiendo en la calle: Aquí se respeta el derecho a la pobreza —dijo Tola y seguimos.

Nos metimos a noveleriar en el Mercao de las Pulgas, donde un artesano promocionaba unos parches en croché muy titinos “pa los que haigan perdido algún ojo en el paro”.

En otro puesto un boticario ofrecía “el ungüento a base de coca pa deshinchar los tulundrones de la cocorota por los bolillazos de los tombos”. Así les decimos cariñosamente a los policías: tombos —esplicó Tola.

En el cruce de la Sétima con 19 pudimos presenciar un policía del Esmá ayudando a una viejita a pasar la calle, mientras los otros uniformaos quemaban palo santo y repartían abrazos a los transeúntes.

¿Quieren que les tome fotos con ese fondo? —se ofreció Tola, mientras yo espantaba a sombrillazo limpio los indigentes que se arrimaban a pedigüeñar una moneda que “no es pa vicio, madre”.

Más allacito encontramos un grupo de gente-bien (bien enfierraos) que estaban borrando los grafitis de los vándalos y en su lugar escribían “Los buenos somos más”.

Tías, ¿por qué hay casas con trapos rojos colgando? —nos preguntó una de las comisionadas. Tola me codió y yo dije: Son militantes del Partido Liberal... calentando pal 22.

Subiendo por la Jiménez nos topamos con la banda musical de la Policía interpretando el Bella ciao, y llegando a Monserrate estaba la tuna de la Fiscalía cantando Que vivan los estudiantes.

Entre la multitú divisamos a la consejera pa los Derechos Humanos Nancy Patricia Gutiérrez y el embajador ante la OEA monseñor Ordóñeze repartiendo canelazo y escapularios.

Al pie del Santuario los metimos a un palacio del colesterol y les brindamos desayuno, y uno de ellos comentó que si hacele comer changua a un ser humano no violaría sus derechos.

Mientras Tola daba cuenta de un caldo de costilla y yo despachaba una mazamorra chiquita, la comisionada Antonia nos preguntó por los desaparecidos en las protestas y le dijimos que buscara en Gúgol.

La mesera nos ofreció un postre castrense: mermelada de manzanas podridas.

Tías, ¿qué opinan de la reforma estructural a la Policía colombiana: cambiar el color del uniforme? —dijo Antonia, empeñada en hacer preguntas sesgadas. El azul es menos ensuciador, Toña, y se camuflan más fácil las manchas —dijo Tola y pedimos la cuenta.

Y aunque Duque nos dio con qué pagar, la agalluda de Tola hizo vaca entre todos, incluida yo, y ella no puso.

Grafitis: El líder de Fecode la defecó...

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