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A su regreso de Corea le teníamos al presidente Duque un desayuno trifásico: caldo de res, consomé con menudencias y güesos de puerco, pero no quiso... ¡No quiso!
Ay tías, mi Dios les pague pero no puedo ni ver la carne. No fregués Ivancho, ¿y eso qué fue? —le preguntamos en coro. Es que por educación recibí en Corea sopa de perro y estoy que me trasboco.
¿Sopa de perro? ¡Gas! No charlés Iván, ¿comites perro? No me quedó de otra, tías, por no romper el berraco protocolo... ¿cómo le despreciaba a la primera dama el plato típico?
¿Y a qué diablos sabe el perro? Depende de la raza, tías: el chihuahua sabe a cuy, el salchicha a salchicha, el chow chow a chow mein... El mejorcito es el san bernardo, que sabe a brandy.
Comer perro en Corea es normal, tías. Por eso los coreanos nunca se encariñan con las mascotas ni les ponen nombres humanos. ¿Quieren que les cuente las cosas raras que vi por allá?
Tías, ¿sabían que en Corea no se consiguen desodorantes porque los coreanos sudan pero no güelen? El idioma coreano no tiene la palabra grajo ni chucha ni golpe de ala.
¿Y sabían que Corea es campeona mundial de cirugías estéticas? Ahora entiendo la embejucada que se pegó la embajadora Alicia Arango porque no la nombré en Seúl.
Corea es el primer consumidor mundial de alcohol, y la disculpita de los coreanos es que este valle de lágrimas no se puede atravesar en sano juicio. Lo mismo que tu gobierno, Iván, que no se puede a palo seco —dijo Tola.
Otra cosa que me llamó la atención de Corea: los ancianos se suicidan pa no ser una carga pensional. Por eso llevé al ministro de Protección Social, para ver cómo intercambiamos ideas.
Los coreanos son muy raros: se agregan un año a la edad porque creen que nacen de un año... Allá Amparito Grisales se tendría que quitar un año más. Y la Comisión de la Verdad ya llevaría cuatro laaargos años.
Es una cultura muy distinta, tías: en Corea no hay analfabetismo... allá no pelecharía el uribismo.
Fue muy charro cuando llegamos al aeropuerto de Seúl y mi asesor Jasancito Nassar me dijo: Presidente, nos está esperando un grupo de mamertos, mire ese letrero: “Parásitos”. Menos mal era una publicidad de la película.
Tías, Corea es el país con el internet más rápido del mundo. No fregués Ivancho —dijo Tola—, ¿entonces allá la ministra Karen Abudinen hubiera salido como pepa e’ guama?
A propósito —metí la cucharada—, ¿vos por qué defendés a capa y espada la ministra? Pues porque es inocente, tías. Karencita fue engañada por subalternos: el portero que dejó entrar los ladrones y la señora que les dio tinto.
Bueno Ivancho, mucha carreta: lo que los colombianos queremos saber es a qué carajos fuites a Corea, aparte de turismiar. Tías, fuimos a traer profesores de taekwondo.
¿De tecuondo? Sí, tías: lo que pasa es que ya no damos abasto pa proteger los líderes sociales y exguerrilleros amenazados, entonces les vamos a enseñar defensa personal.
Ole Ivancho, ¿y por qué los coreanos te dieron ese tal dotorao honoris causa de economía sabiendo que tenés el país más quebrao que un bulto de canela?
Eso mismo les dije yo, tías, pero ellos insistieron. Hasta les propuse que se lo dieran a un compatriota más necesitado, como Ernesto Macías. Pero me dijeron que me lo merecía por haber presentado cuatro reformas tributarias, todo un récord.
Ñapa: la propuesta de amnistía general de Uribe incluye decir la verdad sin autoincriminarse. Debe ser lo que llaman estar entre la piscina sin mojarse... ¡Chupe y me deja!
