7 Mar 2021 - 3:00 a. m.

Tola y Maruja le proponen a Duque ser el reemplazo de la vicepresidenta

Tola y Maruja

Tola y Maruja

Columnista

Hoy le dimos al presidente Duque un desayuno que lo dejó de cama: calentao de frisoles con coles y pezuña, güevos revueltos con ogao, arepa de chócolo con quesito y chocolate con leche.

Y apenas acabó y pegó el último eruto, se la soltamos: Ivancito, mijo, necesitamos pedite un favor... es que Tola y yo queremos remplazar a Martica en la Vicepresidencia.

¿Y se puede saber tías pa qué quieren ser vicepresidentas? —preguntó Iván mordiendo una mogolla. Es que Maruja y yo nos merecemos descansar, y que nos carguen la cartera.

A ver, tías —dijo Iván agarrando un pandequeso—, la idea no me choca del todo porque ese puesto debe seguir en manos de la tercera edad. ¿Y qué harían?

Pues lo que hace Martica: loliar —dijo Tola. Un momentico, tías —reviró Ivancho—. La doctora Ramírez ha hecho cosas muy importantes en la Vicepresidencia. ¿Como cuáles cosas? —pregunté.

Iván trastabilló, le chantó un mordisco al pandequeso y gaguió: Cosas... cosas por la patria... ¡ah! —se arrecordó—, propuso que los policías sean conductores de los borrachos.

No nos trama esa propuesta —dije escondiendo la chuspa de la parva—, no faltará el “manzana podrida” que se aproveche del borrachito y le dé su buen paseo millonario... o lo venda pa falso positivo.

En esas sonaron unos cascos en el tapete de Palacio: era la senadora María Fernanda Cabal que llegó horquetiada en un toro cebú y con un pocillo de tinto derramao.

Mafe Cabal nos rogó que la acompañáramos a recoger firmas pa quitale el Nobel a Santos, y Tola le preguntó que si no le parecía muy apátrida pedir que nos quiten un premio.

Dos, tía... también pido que le quiten el Nobel al mamerto García Márquez —dijo Mafe enfundada en los zamarros—. Pero no pido que se los quiten al país sino a ellos. La idea es que se queden en casa: el de Paz pa Uribe y el de Literatura pa Vicky Dávila.

¿Viqui? No sabíamos que Viqui era literata —dijo Tola. ¡Y de las buenas! —esclamó Mafe—, vieran la novelota que se fajó con los falsos testigos: Caliche, el Tuso, Eurídice, Fosforito, Racumí... personajes que ya se quisiera Macondo.

Ivancho se recostó en una poltrona pa hacele siesta al desayuno y nosotras salimos trepadas al anca del toro de Mafe a recoger firmas en la Plaza de Bolívar. Y nos supo a leche de perra:

Al primero que le pedimos la firma fue a un embolador, que resultó más petrista que Benedetti y nos insultó: ¡Cojan oficio, mionas... este país llevao y ustedes con esas maricadas! ¡Ábranse, paracas!

Mafe le jaló la rienda al cebú y seguimos nuestro camino. Junto a la catedral le pedimos la firma al vendedor de algodón de azúcar, pero el tipo reconoció a Mafe y le dijo de todo: bruja, súcuba, care caballo...

Entonces Mafe le clavó las espuelas al toro y fuimos a dar al otro estremo de la plaza, donde el vendedor de maíz pa las palomas tampoco nos quiso dar la firma y acusó a Mafe de odiar las palomas, “más que todo la de la paz”.

Tola propuso un brei y nos bogamos una horchata, y aproveché pa preguntale a María Fernanda si su propuesta incluía que Santos devolviera la plata del Nobel.

Claro tías —dijo Mafe encholando el sombrero en el morro del cebú—, y le damos esa platica a una fundación. ¿A cuál? —pregunté inocente. ¡Pues a la Fundación Centro Democrático! —esclamó Mafe radiante.

Cuando volvimos a la Casa de Nari estaban el mejor fiscal de la Historia (a según él mismo) y el mejor presidente de Latinoamérica (a según Vargas Llosa) celebrando una preclusión.

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