Hoy Uribe nos levantó muy temprano y pidió un tinto bien cargao. Dormí fatal, hijitas —se quejó—, la conciencia me tiene cabezón echándome cantaleta por los falsos positivos.
Vean con la que me salió: Álvaro —me dijo así como habla la conciencia, con eco—, ¿cuál es la diferencia entre decile a un militar “mate a fulano”, y decile “le doy tanto si me lo trae muerto”?
No le hagás caso a la conciencia, Alvaricoque, que a veces se pone más cansona que una papaya de llavero —le dijo Tola trayéndole el tinto hecho en aguapanela y encimándole una arepa redonda rellena de ogao.
Ay, hijitas —siguió Álvaro con desaliento—, no sé qué hacer con esta conciencia mía como se puso de intensa... y ya no le vale la valeriana. Y si la emborracho, pior: me canta la tabla.
Yo creo Alvarín que sumercé lo que necesita es un trasplante de conciencia, porque la que tiene es pérdida total —le dije animándolo—. No sea bobo, hágase estirpar la conciencia y que le pongan otra.
No crean que no lo he pensao, hijitas —dijo Álvaro aburrido—, ¿pero dónde encuentro el donante? ¡Pues en el Centro Democrático! —propuso Tola—, imposible que entre tus compartidarios no haiga una conciencia limpia.
El doctor Alejandro Ordóñez me ofreció la de él —dijo Álvaro—, y el doctor Fernando Londoño Hoyos también me la puso a la orden, pero no me suenan conciencias tan resetiadas... Me gustaría una menos gastada, como la del cantante Jorge Cárdenas.
Claro que pal trasplante es mejor una conciencia compatible —opiné yo—. Ole Alvarín, ¿el donante no podría ser tu hermano Santiago? O tus retoños Tom y Jerry. O tu primo Mario. O hasta misiá Lina.
Algo toca hacer, hijitas, o me voy a enloquecer. Vieran la pesadilla que tuve: quizque le di tres días de licencia a un recluta pa visitar la mamá el Día de Madres como premio por matar un guerrillero, pero el guerrillero no era tal sino un pobre muchacho discapacitao y con retardo mental, cuya madre se quedó esperándolo ese mismo día.
Qué suplicio, hijitas... Todas las noches mi conciencia me desvela y entonces me pongo a contar ovejas y entre las ovejas saltan también los números 6, 4, 0, 2... 6, 4, 0, 2...
En esas dentraron el presidente Duque y el consejero pa las metidas de pata Jasán Nasar, hablando de la amenaza de muerte que le hizo el narcotalense (gentilicio de Narcotalia) Jesús Santrí.
No, presidente, no se angustie —le dijo el mechudito Jasán—, la locución latina memento mori no quiere decir “recuerda que morirás” sino “recuerda que eres un meme”.
Quiay apá —saludó Ivancito a Uribe—, ¿cómo siguió de la conciencia? Regulimbis, hijito —contestó Álvaro sin ganas—, me siento como Pinocho con Pepe Grillo. ¿Pepe? —preguntó Tola—, ¿de los Pepes aquellos?
Pepe Grillo es la conciencia de Pinocho —nos esplicó Jasancito—, que enzorra al pobre Pinocho rogándole que sea bueno, hasta que a Pinocho se le sube el apellido y Pepe Grillo aparece difunto con las botas al revés.
Apá —dijo Ivancito—, la ministra de Ciencia le manda decir que la mejor manera de sacar esas malas energías y despercudir la conciencia es con un viaje de yagé.
Qué va, hijito —dijo Álvaro recuperando los ánimos—, yo no nací en el mes de los temblores, cuál estirpar cuál conciencia ni que ocho cuartos: lo que necesito es que usté me ayude a estirpar la JEP.
Grafitis: ¡Ojo con el Esmad!
Ñapa: La primera vacunada en Colombia fue una enfermera mayor de 80 años con comorbilidades.
Ñapita: “La gente podría aprender algo de sus errores si no estuvieran tan ocupados negándolos”: Jung.