Berrionditas, qué pena con sus mercedes pero no estamos de humor: el jueves enterramos un amigo notario de Medellín que se quitó la vida.
Mauricio Londoño Cardona se llamaba y nosotras lo molestamos varias veces pa que nos aconsejara en cosas legales, y cuando le preguntábamos: Mauri, cuánto te debemos y por qué tan caro, nos decía: no todo en la vida es plata, tías, no sean paisas.
Lo tenía todo Mauri: dos bellos hijos y una maravillosa esposa, inteligencia, sabiduría, sentido del humor... una notaría. Bueno como el pan, dirían los rolos. Bueno como la arepa, decimos nosotras.
¿Se puede hacer humor con el suicidio? Por supositorio que sí, se puede hacer humor con todo. El humor es la más grande libertá de espresión.
El humor nos ayuda a sobrevivir, nos sana y nos reconcilia. Perdida la esperanza, que es lo penúltimo que se pierde, aún nos queda el sentido del humor.
Hay un chiste antioqueño que a nosotras nos encanta: que estaban dos aserradores en la selva tumbando monte y a uno de ellos lo picó una víbora.
El pie se le gangrenó y tocaba mutilar. Entonces el compañero empezó a serruchar el fémur y el paciente se quejó levemente. ¿Te duele? -preguntó el cirujano improvisao. No -contestó el doliente-, es que se me destiemplan los dientes.
Este chiste nos gusta porque enseña que es precisamente en los momentos de dolor cuando más se necesita el sentido del humor.
Cuando Tola y yo empezamos a dar lora en los esenarios estaban costruyendo el metro de Medellín y no nos gustó ni cinco el áurea de corrución que lo nimbaba.
Algunos funcionarios que sabían del proyeto compraron pa ellos las casas por donde pasaría el tren… volquetadas de material iban a predios privaos. En fin, lo costumbrista.
El metro se demoraba y se demoraba y nosotras hicimos un chiste: Oites Tola, mi nieto Duván Esneider está muy aburrido y no quiere trabajar ni estudiar ni ayudar en la casa, quizque no quiere vivir, que no ve la hora de tirásele al metro.
Entonces nos llamaron muy comedidamente del metro de Medellín y nos pidieron que porfa quitáramos ese chiste porque fomentaba el suicidio. ¡Oigan, el suicidio lo incita la misma vida!
Este chiste del retraso en la costrución del metro de Medellín queda al pelo pal metro de Bogotá, que se va a demorar más que el juicio de Uribe.
Pobre metro de Bogotá: el presidente Petro lo quiere enterrar. Literal. Qué pesar, nunca se imaginó don Gonzalo Jiménez de Quesada que su plan del metro quedaría en esto.
A propósito de Petro: lo critican porque está nombrando amigos en el gobierno, pero tiene tan poquitos que le toca dejar empotraos a los enemigos.
Las cifras del suicidio en Antioquia son asustadoras. En el Alto Baudó los indios (no nos gusta decir “indígenas” porque suena a alienígenas) se están quitando la vida.
La salú mental de los colombianos merece atención. Un ejemplo por ejemplo: ¿están bien síquicamente los que votaron por don Rodolfo Hernández?
Nos llamó la atención el montonón de gente que fue al velorio de nuestro amigo Mauricio, y nos duele no habelo llamao pal feliz año.
Y nos acordamos de García Márquez que se quejaba de que había viernes que se quedaban solos él y Mercedes porque sus amigos suponían que no estaban solos.
Upa, llamemos a nuestros amigos, tal vez estén esperando nuestra llamada.
Ñapa: “Donde acaba el pobre río la inmensa mar nos espera”: Antonio Machado.
Ñapita: Alguien que se quería suicidar, pero fue muy torpe en el intento y casi se mata.
Un abrazo solidario a la familia y amigos de Mauricio Londoño Cardona, nuestro querido sobrino que volvió a la Nada y al Todo.