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El presidente Petro nos citó en su despacho: Tías, por las medidas irresponsables del gobierno con el salario mínimo me veo en la penosa obligación de prescindir de una de ustedes dos.
¿Qué es precindir? -preguntó Tola, que no alcanzó a terminar la primaria-. Tengo que echar de su trabajo de cocinera de Palacio a sumercé o a doña Maruja, no puedo con ambas.
Pero Tavo -dije yo-, fuites vos mismo el que firmó ese decreto. Sí tía, pero yo no puedo perder la costumbre de escindirme de las decisiones y culpar a otros, por si la cosa se pone peluda.
¿Y entonces cuál de nosotras sale como pepa e’ guama? -preguntó Tola visiblemente lívida-. Se quedará la que más se identifique ideológicamente con el proyecto -dijo Petro.
Yo propongo Tavo que nos dejés juntas y que no nos aumentés nada si no podés… o que nos hagás una rebajita de salario, de ser necesario -dije yo en solidaridá con Tola, que seguramente sería la que salga pues tiene más desviaciones pequeño-burguesas que yo.
Lo siento tías, mañana quiero la renuncia protocolaria de las dos, y ya veré cuál dejo -dijo Petro y salió a tomar tinto con los habitantes de calle, sus nuevos fetiches.
Tola quedó muy nerviosa y yo le herví una tisana de valeriana bien cargada, de tal modo que la dejara penquiada en la cama y yo poder gestionar tranquila mi permanencia en Palacio.
Petro volvió, le serví tinto en la cocina y se la tiré prendida: Tavo, dejame a mí… la compañera Tola se volvió muy revisionista y dice que este gobierno es un chiquero y no te baja de “ojibrotao” y a misiá Verónica de “patialegre”.
Yo sigo siendo amiga de Tola porque me da pesar pues ella no tiene amigas por ser como es: mala amiga, muerta di’hambre, agalluda, cizañera, asolapada, malapaga, conchuda, trásfuga, chismosa y torcida.
¿Pero cómo la ve ideológicamente? -preguntó Petro-. Muy mal Tavo, ella por ejemplo le encanta la gasolina y los fósiles en general y dice que los habitantes de calle son muy “guácala”.
Tola habla pestes de vos y criticó muy duramente la presencia de tu hija menor en el anuncio del salario mínimo. Era un mensaje subliminal, tía -dijo Tavo-, pa que vieran que durante mi gobierno el salario mínimo creció tanto como Antonella.
Y otra cosa Tavo -dije yo pistiando que Tola no fuera a llegar-: ella me dijo que este país no lo arregla sino el Tigre, pero que no le fuera a contar a sumercé… y que piensa votar por él a ojo cerrao.
No puedo creer lo que me dice, doña Maruja… yo tenía otro concepto de la tía Tola: me parecía de veras comprometida con el cambio… ¿O sea que cuando se ponía el delantal con la bandera de “guerra a muerte” era pura fachada?
Puro teatro panfletario, Tavo…Tola es una zalamera ideológica, es una Judas de racamandaca… Cuando anunciates el nuevo mínimo Tola comentó que era una medida cortoplacista, muy keynesiana y que “de’so tan bueno no dan tanto”.
En esas dentró Tola todavía medio dormida y le dije de una: Ya el presidente se decidió por mí, pero no te vamos a dejar tirada y te ayudaremos a poner una chaza en el andén de Palacio.
¿No te parece muy galleta, Tola? Lo que siempre soñates, querida: tener tu propio emprendimiento, ser tu jefe, sin horarios, sin tener que jugar al amigo secreto…
No sé, Maruja -dijo Tola-, yo tengo mucha sensibilidá social y seguramente les voy a fiar el surtido a los habitantes de calle… yo me conozco: pa mí los últimos serán los primeros.
Ñapa. Señor presidente, porfa no le ponga impuestos al licor que este gobierno no se puede pasar a palo seco.
Ay, Gaza…
