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El presidente Duque se nos apareció muy temprano en la cocina y le dimos de tragos aguadulce con arepa y quesito. Pa los paisas los “tragos” son un preparito antes del desayuno, y a veces es tan carnudo como el mismo desayuno.
Los paisas, bendito sia mi Dios, teníamos seis comidas diarias: tragos, desayuno, mediamañana, almuerzo, algo, comida y merienda. Y en las seis estaban presentes la arepa y la aguapanela.
Notamos muy ansioso al presidente Duque, pues la ansiedá le da por jartar como si le fueran a quitar, y repitió arepa tres veces. Le preguntamos qué le pasaba y se le salió un puchero.
Ay, tías, aunque yo me hago el jiquerón y de labios pa fuera digo que no me preocupan las berracas encuestas porque yo no gobierno pa las encuestas, mentiras que sí me importan.
Es que, tías, estoy en un 16 por ciento de aceptación... ¡16 por ciento, marica! No joda, por debajo del IVA. Ni la bellezura de Pastrana, que no sirve ni pa estorbar porque se quita.
No se pensione, Ivancito —le dijo Tola escondiendo las arepas y el quesito—, lo que debe hacer es no quedase callao y mostrar que Colombia ha tenido mandatarios piores que sumercé.
Uy tías, ya busqué en Gúgol los presidentes más malos del país y aparezco de primero... y escapado del lote —dijo Ivanchito y se emperró a chillar a moco tendido.
No llore, mijo —Tola lo alzó cargao mientras le acariciaba los crespitos—, arrecuérdese lo que dice Antonio Caballero: que el presidente de Colombia siempre es más malo que el anterior. Entonces fresco que Petro le quita ese puesto.
Ivanchito, la historia de Colombia está tuquia de presidentes más pésimos que usté —dije yo limpiándole las ñatas—, como por ejemplo el general Obando, de quien decían que era “el más encantador de los asesinos”.
Antes de sumercé y Pastrana, el peor presidente era José Manuel Marroquín, el que se dejó quitar Panamá, que era tan conchudo que dijo: Agradezcan, me entregaron un país y les devuelvo dos.
Y lo que es la vida, Iván —siguió Tola—: le critican a Marroquín dejase robar Panamá, pero si no fuera por él los ricachones colombianos no tendrían dónde esconder la plata.
Otro presidente más malo que la comida de la cárcel fue Miguel Abadía Méndez, que fue elegido por unanimidá pues no tuvo competencia porque los liberales no pudieron participar por miedo.
El gobierno de Abadía es famoso por la Masacre de las Bananeras, cuando el ejército le disparó a una concentración de obreros, dejando un reguero de muertos que algunos carculan en cientos y otros en miles, pero de todos modos inferior a 6.402.
El mal gobierno de Ospina Pérez se recuerda por permitir y alentar la persecución contra los liberales, que tuvo su pico de violencia con el asesinato del “negro” Gaitán.
Y no sigamos, Ivancito, que nos coge la aurora: mi general Rojas Pinilla, corruto como todo ditador. Valencia, el agüelo de Palomita y fundador de las Farc. Misael Pastrana, que su mayor daño fue que nos dejó al hijo. Turbay y su Estatuto de Seguridá. Belisario, al que se le quemó el Palacio de Justicia... y pare de contar, porque nos ponemos a berriar todos.
Es que, Iván, elegir el mejor presidente de Colombia es pilao: Uribe, pero pa descoger al pior sí nos vemos a gatas. Y eso que falta el período de María Fernanda Cabal.
Grafitis: De los tres güevitos de Uribe quedaba el de la confianza inversionista y Duque lo estortilló.
Ñapa: Se filtró el lema de campaña presidencial del Centro Democrático: María Fernanda Cabal, la señora feudal.
Ñapita: Cómo dejará de bajita la vara que hasta el bachiller Macías se animó.
