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Berrionditas, como se filtró la noticia de la película del almirante José Prudencio Padilla y nosotras fuimos atrices de la misma, nos sentimos en el deber moral de contar la verdá monda y lironda.
Todo comenzó cuando Jólman Morris, el flamante mandamás de los medios públicos, le dijo a Petro: Presidente, ya que no pudo conseguir el Nobel, ¿no le suena un Óscar?
Nosotras le dijimos: Tavo, hacenos el gran favor y nos metés en la película, nos parece que haríamos muy bien de Tola Salavarrieta y Marujita Sáenz.
Los tres nos metimos a clases de atuación con Fabio Rubiano y Julián Román, que con el método Stanilaski nos dejaron cuchillas pa figurar de estras.
El diretor le indicó a Petro: Presidente, su aparición en la peli es de tres segundos y lo único que tiene que decir es: ¡Fuego!
A partir de ahí Petro no tuvo vida y se dedicó a intrigar pa que le dieran más parlamento y hasta propuso que su personaje, un pinche recluta, echara un discurso en la Plaza de Villa de Leyva sobre combustibles fósiles.
El colmo, tías -nos dijo Tavo más aburrido que un mico en un bonsái- pongo yo el billuyo de la peli y me dan este miserable papelito, y pa pior hago de verdugo de Padilla.
El día de la grabación de su única toma, Petro tenía una mirada picarona. “Lista cámara, listo sonido… ¡acción!” -ordenó el diretor y Petro empezó su parlamento:
José Prudencio, negrito, antes de pasarte al papayo quiero decirte: Que la cuántica del virus de la vida por las estrellas del universo te reivindique como etnia cósmica y te junte con María Magdalena.
¡Corten! -gritó el diretor suavemente, pa no incomodar al paganini-. Presidente, con todo respeto le pido que se limite a decir lo del libreto: ¡Fuego!
Permítame que discrepe de ustet, señor director -reviró Petro-: no puedo fusilar al viejo Pruden sin garantizarle que los nadies (los Brayan y los Kevin) lo recordarán en una película.
Yo tengo que decirle al “grone” -siguió Petro muy convencido- que vaya tranquilo a la gloria, que yo le haré un largometraje con dineros del erario, protagonizado por un actor de Jólibu.
You disculpare, míster president -intervino Cuba Gúdin, el gringo afro que hace de Prudencio y que tiene encima 30 denuncias de mujeres por agresiones sesuales-, the director es el que manda. Punto.
Petro miró rayao a Cuba y le dijo, alzando un tris la voz y con un hilillo de babaza blancuzca en la comisura de los labios: A mí nadie que sea negro me va a decir que yo tengo que negriar a un negro.
¡En posición todo el mundo! -gritó el diretor pa cortar la discusión porque José Prudencio amagó ripostar. Vamos a grabar… rueda sonido, rueda cámara ¡acción!
José Prudencio -dijo Petro metido en el personaje-, negro querido… antes de fusilarte quisiera saber si eres tan bueno en la cama como este servidor… ¡Corten! -gritó el diretor y ordenó un receso.
El diretor lo llamó aparte y le dijo: Presidente, ¿qué es lo usted quiere? Ganarme un Óscar -contestó Petro sin vacilar-, y con este papelito tan pichurrio que me dio ni modo.
¿Con quién cuadramos en los premios Óscar para que agreguen la categoría “Mejor actor presidente en ejercicio”? -preguntó Jólman Morris subiendo la ceja.
¿Y qué tal si Tavo compite como Mejor ator de reparto? ¡De reparto del presupuesto! -dijo Tola haciéndose la charra y riéndose ella sola, mientras Jólman la fusilaba con la mirada.
Qué pesar otra guerra… pobre humanidá.
Ñapa. Mejor actor del conflicto.
Payola. Tola y Maruja en “Reír y Votar, cómo hablar de política en familia”. Mero Bar Medellín. Boletas: eticketablanca.com
