Berrionditas, Tola y yo nos fuimos a confesar con el padre Arturo Uría, el asesor espiritual que nos recomendó el pecador Oscar Iván Zurriaga.
El sacerdote peruano vive en una casota caché y no paga predial, pues la tiene registrada como templo –nos confesó descorchando un vino de consagrar, que tampoco paga impuesto.
El cura Uría es un confesor católico que recomienda la “restricción mental”, una figura moral que consiste en esconder la verdá pa salvar el propio pellejo y proteger la familia.
Es una especie de mentira piadosa –nos dijo el reverendo Arturo mientras le prendía una vela a Dios y otra al Diablo– para evitar el sufrimiento de nuestros seres queridos.
Les voy a poner un ejemplo, tías: aquí estuvo Piqué y me dijo: Padre, le estoy poniendo cachos a Shakira, ¿le cuento a ella? Yo le dije: qué necesidad. No se inmole, coma callado.
Cuando era presidente el atembao Pastrana, me dijo: Padre, voy a poner el impuesto del 2 por mil y la gente se va a emputar, ¿qué hago? Andrés, dígales que es temporal.
También vino el alcalde de Medellín: Padre, voy a pedirle al Concejo una platica para mecatiármela en campaña. No sea bobo –le dije–, dígales que es para la comida de los niños.
Otra que vino fue Viqui Dávila, más conocida como La Rubia Candela: Padrecito, eso de las maletas de Petro tuquias de billetes fue un invento mío para que la gente saliera a marchar berraca. Tranquila mijita, es una mentira bien intencionada.
Pero es que Colombia está esperando que presente las pruebas o mi renuncia –se lamentó Viqui care acontecida–. No se crucifique, mijita, espere que Martín Sombra diga que fue él.
Cuando vinieron los promotores del NO en el plebiscito de la Paz, me dijeron: Su reverencia, vamos a sacar a los colombianos a votar contra el acuerdo a punta de mentiras. ¿Pero son mentiras piadosas? Sí padre, piadosísimas. Ah bueno, procedan.
Recién llegado de Brasil vino Iván Duque: Padre, yo estuve presente cuando Zurriaga acordó el torcido con Duda Mendoza, ¿qué me aconseja? Diga que lo rumbó pal baño la feijoada… ¡excelente coartada!
Aquí llegó don Rodolfo Hernández: Padre, ¿qué digo cuando una periodista me pregunte por mi inhabilidad para ser candidato? Dígale que es su mente mamerta la que inventa eso.
Ese muchachito Diego Cadena me dijo: Padre, estoy encartado porque compré unos testigos, ¿qué camino cojo? Cálmese Dieguito, diga que fue ayuda humanitaria y que el que sabemos no sabía.
La ministra Irene apareció con su marido holandés: Padre, se armó la pelotera porque mi esposito tiene contrato con el gobierno. No problem hija mía, diga que él es de los Nadies de Holanda.
¿Vienen muchos políticos? –le preguntó Tola mientras mordía el jamón de bellota que sirvió el cura. Puuu, desde que Zurriaga me banderió tengo la agenda tetiada con el Centro Democrático.
¿Y cuáles otras figuras públicas han venido a recibir su sabio consejo, padrecito?
Todos han venido, tías. Nadie lo sabe, pero yo soy el autor de las frases: “Fue a mis espaldas”, “Me acabo de enterar”, “Me traicionaron”, “Yo no lo crié”…
Padre, entonces la tal restrición mental es decir una mentira por amor al prójimo –le dije mientras probaba el caviar beluga que destapó–. Ajá, tía, si usted le dice a…digamos Amparo Grisales, que aparenta 80, ella se va a poner güete, y usted también, de verla feliz. Es un gana–gana humanitario.
Pero la mentira piadosa debe tener sus límites, tías –dijo el padre cortando otro pedazo de chorizo ibérico–, ¿con qué cara le dice uno a los reguetoneros que su sonsonete es música? ¡Hay un límite!
Grafitis: el cura Uría es un reverendo… un reverendo cínico.