Berrionditas, no pensábamos volver por aquí pues nos parece que Tola y yo no estamos ya pa estos trotes y que nos debemos dedicar a lo nuestro: cocineras del Palacio de Nariño.
Pero una vecina nos dijo que leer nuestras bobadas los domingos es su alegría tomineja y que todos tenemos el deber moral de hacer sonreír al prójimo.
Como recordarán, nosotras éramos las cocineras del tuntuniento Duque y el presidente Petrosky nos hizo el honor de ratificanos en el cargo, pero nos alvirtió: cero chismes. Nos mochó la lengua, práticamente.
O sea que nos tocó hacer el empalme de la cocina con nosotras mismas, y la verdá es que encontramos...
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