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Hace poco, el Centro de Pensamiento Vida publicó un vídeo en el que yo defendía que el Banco de la República debería ser más democrático. He argumentado en mis columnas y tuits dos ideas en ese sentido: mayor debate público sobre las decisiones del Banco Central y la inclusión de un representante de los trabajadores en su junta directiva. Las respuestas del establecimiento tecnocrático fueron muy regulares. Aquí las refutaré:
“El Banco de la República ya es democrático”.
Esta crítica se basa en dos cosas: que Banrep ya hace cierta rendición de cuentas y que los presidentes eligen a su junta directiva, lo que le da legitimidad democrática. Lo que dicen es cierto. Pero la democracia no se reduce a esos elementos. Democracia no es cuando un presidente elige personas o cuando se publican datos. Implica pluralidad y representación de intereses plebeyos (¿o acaso los representa la hija de Alicia Arango?). Nada de eso está institucionalizado de manera suficiente en el Banco de la República.
“El Banco de la República ya defiende los intereses del pueblo”.
La crítica se basa en que mantener la inflación baja es lo mejor para los trabajadores. Sin embargo, la historia de la banca central moderna muestra que los trabajadores toleran más inflación que los Bancos Centrales independientes siempre que haya más empleo. La búsqueda de menor inflación puede desacelerar la economía, sin preservar el poder adquisitivo de los trabajadores que se quedan sin trabajo. En otras palabras, ¿de qué sirve la bajísima inflación si no tiene usted empleo?
“Las decisiones del Banco de la República son altamente técnicas y no pueden ser sometidas a procesos democráticos”.
Las discusiones de la Junta Directiva deben ser técnicas, pero los problemas a los que se enfrenta el Banco son en última instancia éticos y valorativos: ¿bajamos la inflación a costa del empleo? ¿Priorizamos a los ahorradores o a los deudores? ¿Qué significa bienestar económico? Esas cuestiones se refieren al Bien de la comunidad política, por lo que no solo todos debemos estar interesados en ellas sino que todos deberíamos participar de ellas. Por un lado, los trabajadores con su representante, por otro, los demás ciudadanos en los debates nacionales que debería haber alrededor del tema. El Banco no debe ser independiente de la esfera pública.
“La inclusión de trabajadores en la Junta ya se ha intentado y salió mal”.
Este argumento me dejó desconcertado. Aquí nunca se ha intentado esto, y a nivel global es una rareza. No sé cómo pueden tener certeza de que salió mal algo que casi nunca se ha intentado. Los gremios no representan a los trabajadores, si se refieren a ellos. Pero hay pocos países, como Austria, donde sí se ha incluido a los trabajadores formalmente en la Junta del Banco Central. Hasta donde sé, ese país no es un infierno chavista. Al contrario, goza de un altísimo nivel de vida. ¿Será que ellos son brutos y nuestras élites tecnocráticas geniales?
Concluyo diciendo que no me satisfago con proponer la inclusión de los trabajadores en la Junta del Banco. Henrik Syse es un filósofo noruego que fue jefe de gobernanza corporativa del Banco Central noruego. De pronto la filosofía también falta en nuestro Banco Central, por no decir que en las facultades de economía. No podemos dejarles todo a los economistas, ni siquiera el Banco Central.
¿Será que los noruegos también les parecen irracionales a nuestros tecnócratas por incluir a un filósofo en un alto cargo de su Banco Central?
Seguro que sí.
