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El mercado es como Dios (pero no le recemos)

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Tomás Molina
23 de febrero de 2026 - 05:05 a. m.

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A los economistas neoclásicos a veces los acusan de ser sacerdotes de una religión en la que el mercado es Dios. En efecto, parece que su función fuera, al menos en la opinión pública, escribir una teodicea del mercado. Para quienes no recuerdan sus clases de filosofía del colegio, la teodicea es una rama de la teología que intenta explicar por qué existe el mal en el mundo, si Dios es bueno y perfecto. En este caso, los economistas explicarían por qué existe el mal en la economía, si el mercado es bueno y perfecto.

Esa crítica me parece hasta cierto punto injusta. Creo que la mayoría de economistas no son sacerdotes de ninguna religión, y solo dedican sus vidas a resolver problemas prácticos en las empresas y el gobierno. Y, sin embargo, es obvio que la crítica apunta a algo verdadero. Dios y el mercado sí tienen algo en común que los pone en una posición inquietantemente cercana.

Para entender esto, debemos considerar la obra de J.P. Dupuy. El filósofo e ingeniero francés nos dice que el mercado se autotrasciende. Con esto quiere decir que el mercado es el producto de nuestras decisiones en conjunto, pero lo vemos como una entidad externa, autónoma e impersonal. Por ejemplo, tenemos un mínimo de agencia sobre los precios con cada decisión económica que tomamos*, pero al mismo tiempo percibimos dichos precios como si fuesen una cosa objetiva, casi sacra, fuera de nuestro control. No dominamos al mercado sino que el mercado nos domina.

Esto quizá se entienda mejor con una cita de Borges que el mismo Dupuy usa como epígrafe de su libro:

El tiempo es la sustancia de que estoy hecho.

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río;

es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre;

es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego.

Creo que lo mismo pasa con Dios: es un fuego que nos consume, pero nosotros somos el fuego. Dios es un invento humano en el que proyectamos, como vio Freud, nuestro deseo de tener un padre celestial que nos cuide y, con ello, disminuya nuestro sentimiento de estar solos y desvalidos en un mundo hostil. Sin embargo, esta creencia pronto toma vida propia y la percibimos como objetiva. En otras palabras, a pesar de que inventamos a Dios, lo vemos como una entidad fuera de nuestro control.

Hay, en fin, otros puntos en común entre Dios y el mercado. Por ejemplo, el segundo ahora nos guía con una mano invisible, tal y como el primero solía hacerlo. Antiguamente, esperábamos una señal divina que nos dijera a qué deberíamos dedicarnos: si a la vida secular o a la vida religiosa. Hoy, en cambio, el mercado guía nuestra vocación. Piénselo así: usted estudia algo que lo apasiona, pero al graduarse descubre que no tiene salida laboral. El mercado lo obliga a dedicarse a otra cosa que los demás demanden, y con ello lo guía hacia su bien y el de los otros. Dios nos cuidaba antes; ahora lo hace el mercado.

El gran sociólogo Émile Durkheim decía que las categorías fundamentales del pensamiento tenían un origen religioso. No deberíamos sorprendernos, entonces, si encontramos que nuestras instituciones y prácticas tienen mucho en común con la religión.

*Dupuy dice que los economistas neoclásicos no estarían de acuerdo con esto. Pero se basan en una tesis metafísica errónea que el filósofo refuta de manera muy satisfactoria en el capítulo dos de “Economy and the Future”.

Tomás Molina

Por Tomás Molina

Politólogo, doctor en Filosofía y profesor.platom___
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Lucas Gomez(25993)24 de febrero de 2026 - 10:19 a. m.
Se olvida el autor de manera muy deshonesta, que la descripción del mercado que hace es la de micro I, del mercado en competencia perfecta, que cualquier persona sabe es un ideal no raramente cumplidos (oligopolios, oligosopnios, externalidades negativas, positivas, monopolios naturales, etc…).
Lalo Parrarro(70277)24 de febrero de 2026 - 12:50 a. m.
En términos más duros, Marx hablaba del fetichismo de la mercancía y el trabajo alienado, mientras Feurbach decía que dios es la proyección de las aspiraciones y deseos humanos en una trascendencia inventada por el mismo hombre para lidiar con sus frustraciones
  • Camilo Ávila(7151)27 de febrero de 2026 - 03:30 a. m.
    ¿ Y eso qué tiene que ver? no fue capaz de refutar el argumento
  • Boppi(61012)24 de febrero de 2026 - 01:47 a. m.
    Lalis, "el trabajo alineado" de defender un político o un sistema que es un fracaso, ¿cuál es la diferencia con lo que ud hace?.
gilberto Lozano Martinez(fr4ly)23 de febrero de 2026 - 09:18 p. m.
Mercado , comercio, asociado a pulsión Freudiana del deseo, Milton Friedman nos declara consumidores antes que ciudadanos, en 1976 se le da el premio Nobel por este ex abrupto , además de la ingenuidad de que el humanoide primero ahorra y luego gasta. La primera pulsión es satisfacer: tomar aire, la sed, el hambre, el aparearse , inicialmente lo vital y luego lo no vital he innecesario. Nos hacemos “consumidores “ , dependientes , nos inducen al exceso a través del Dios Deseo - Mercado.
Felipe Fegoma(94028)23 de febrero de 2026 - 09:16 p. m.
El fracaso del mercado capitalista, por ejemplo con la crisis de 2008, es tan nefasto como la economía dirigida por el comité central del partido, por ejemplo en Cuba o Corea del Norte. Aunque en Cuba quien realmente dirige la economía es GAESA, la tenebrosa empresa de unos militares que controla el 70% de la economía cubana, mientras que chinos o vietnamitas triunfaron uniendo lo peor del capitalismo con lo peor del comunismo, claro que sin libertades políticas, sindicales o de expresión.
  • Lalo Parrarro(70277)24 de febrero de 2026 - 12:51 a. m.
    Este es mucho idiota
Cordillerano(64187)23 de febrero de 2026 - 09:11 p. m.
Una apología mas al mercado. Qué lastima ya tiene demasiadas ... y la historia nos está mostrando cada día sus tragedias, es la crisis del capitalismo, la crisis de la llamada posmodernidad ...
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